Historia de la musica Criolla

Historia de la Música Criolla

Historia de la Música Criolla

La música criolla del Perú es consecuencia de un proceso de influencias sociales, políticas, económicas y geográficas sobre los habitantes de sus tres zonas naturales clásicas: Costa, Sierra y Selva. De entre ellas, Costa y Sierra recibieron los aportes más significativos de la música y bailes de España a través de los soldados de la Conquista y de élites dominantes durante la Colonia.

En la Costa, es la zona donde la riqueza de la música española acentuó su presencia durante los tiempos de la Colonia, hasta establecerse definitivamente en los aires musicales populares durante la República, dando lugar al nacimiento de lo que se conoce como Música Criolla de Perú.

¿Qué se entiende por Criollo? En principio significó esclavo que nace en casa de su señor y negro nacido en las colonias. Jean Corominas en su diccionarios Etimológico de la Lengua castellana señala que es una adaptación del portugués “crioulo” equivalente a “blanco nacido en las colonias”. Pedro Enrique Ureña en nota de Las Corrientes Literarias de América Hispana considera que la voz no es antigua y que probablemente apareció durante el siglo XVII.

En un pasaje de “La Florida” publicado por primera vez en 1605 pero en preparación desde veinte años antes, el Inca Gracilazo explica que “los negros llaman criollos a los hijos de español y española y a los hijos de negro y negra que nacen en las indias, para dar a entender que son los nacidos allá y los que van de acá a España”. En “Los Comentarios Reales” repite su interpretación del término: “A los hijos de español y española nacidos allá dicen criollo o criolla, por decir que son los nacidos en las Indias. Es nombre que inventaron los negros”.

En el transcurso de la República el “criollo” dejará de ser “hijos de españoles nacido en Indias” para convertirse en nacido en América, hijo de español y española, de español con nativas, mestizas y negras, de mestizo con blanca, de mulatos con indias, todos ellos producto en esta indescifrable mixtura racial que hará decir a Don Manuel Gonzáles Prada: “En el Perú quien no tiene de inga tiene de mandinga”.

El criollo, con su comportamiento en diversas actividades de la vida diaria, delimitará el territorio bajo su influencia. Así, el provinciano o el extranjero “se acriollará” en la medida que celebre y se adapte a las controvertidas manifestaciones de la picardía popular de La Victoria, a las variantes culinarias fuertemente sazonadas típicas de Abajo el Puente, al valsecito jaranero de Los Barrios Altos y el Cercado, en fin, al espíritu de la gran Lima.

GUARDIA VIEJA

El mejor conjunto de música peruana de todos los tiempos ha sido “Fiesta criolla” que formaban: Panchito Jiménez en la primera voz, Humberto “Oiga” Cervantes segunda voz y guitarra, Oscar Avilés primera guitarra, Pedrito Torres Veriga en las castañuelas y Arístides Ramírez en el cajón; así mismo el mejor trío masculino criollo ha sido “Los Caciques”, integrado por Oscar “Pajarito” Bromley en la primera voz, Rafael Amaranto en la primera guitarra y Félix Cassaretto “Caraspalta” en la segunda voz y guitarra.

La historia del valse peruano, se pierde entre las múltiples facetas de nuestra vida republicana. Sin pretender una versión acabada sobre el tema, Manuel Acosta-uno de los más finos compositores criollos- hurga en el tiempo para reconstruir el nacimiento de la canción peruana.
Los valses peruanos más antiguos son hechos en Arequipa, el primero en 1889, escrito por Abelardo Gamarra y musicalizado por su prima Zoila Gamarra, que tocaba el piano. Su título: “Ángel Hermoso”. El segundo, el famoso “Al pie del Misti” de Don Eduardo Recavarren, padre de la poetisa “Catita”, fue compuesto en 1882.

Al iniciarse el siglo XX, empiezan a aparecer los padres de la canción criolla. El mejor músico indudablemente: Justo Arredondo. Se le conocen tres hermosos valses con letra de “El Tunante”. “Canto a Luis Pardo”, “Radiante Espiritual” y “La Oruga”. Luego Alejandro Sáez, cuyo valse más conocido es “La Cabaña”. Braulio Sancho Dávila, con muchas canciones, siendo la más conocida el valse “Ídolo”. Pedro Bocanegra, Nicanor Casas, Pedro Arzola, Miguel Almenerio, Ceferino Vergara, Carlos Gamarra, Manuel Gamarra, Guillermo Suárez y otros cuyos nombres se han perdido en el tiempo.

Todo esto hasta 1920. En 1917, Pinglo escribe “Amelia” pero pasa desapercibido. Empezaba la invasión de la música extranjera. Los ritmos estadounidenses y argentinos se ponen de moda postergando a nuestros cantantes y compositores. Por eso no se nota mucho la presencia del joven Pinglo, de Víctor Correa: “En ti pensé”, de “Mañuco” Covarrubias y otros que no llegaron a figurar. Por ese entonces, Augusto B. Leguía, para conseguir simpatía popular, crea el “Día del Indio” el 24 de junio. Y en su homenaje organiza concursos de música costeña y andina en la Pampa de Amancaes.

Felipe Pinglo madura y se convierte en el consolidador del valse. Su melodía, definitivamente mestiza, elegente y sobria. Pero es en la letra donde cambia todo el ambiente. Su preocupación por los problemas sociales, hacen que le cante al “Canillita”, al “Plebeyo”, a la “Pobre Obrerita”, a “Jacobo el leñador”. Es Pinglo quien le abre las puertas de la poesía al valse. Por ahí regresan Amparo Baluarte, Serafina Quinteras y César Miró.

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