Lista Música Criolla

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Semblanza del desaparecido compositor Víctor Merino

0imagen-0El Ministerio de Cultura rinde tributo y homenaje a Víctor Merino, uno de los grandes creadores de la música popular peruana, cuya muerte, acaecida en la madrugada de hoy, se dio luego de haber sufrido un derrame cerebral durante la Nochebuena pasada.

Víctor Merino se hizo conocido como compositor y musicalizador de poetas insignes. Supo engarzar maravillosamente el sonido y las palabras. “Hacer Música”, le confesó al periodista Paco Moreno en una ocasión, “no es otra cosa que ordenar esos sonidos con la misma pasión que los poetas ordenan las palabras”.

Esa íntima relación entre el sonido y la palabra fue lo que mejor supo cultivar cuando se atrevió a musicalizar los poemas inmortales de Juan Gonzalo Rose o Mario Benedetti, de César Vallejo o César Calvo, de Octavio Paz o Rubén Darío.

Merino, hijo y descendiente de músicos, nos abandona a los 69 años. Queda en nuestro recuerdo múltiples composiciones y musicalizaciones. Una de las más bellas, quizá, Tu Voz, un entrañable poema de Rose en la voz de la no menos inigualable Tania Libertad.

Paseó su arte por América y Europa, precisamente de la mano de Tania Libertad. Colaboró con Armando Manzanero, Willy Colón, Mercedes Sosa, Juan Manuel Serrat. También con Héctor Lavoe, Chico Buarque e Irakere.

Merino supo decir y reconocer que la composición era para él como la respiración. Hoy, solo nos queda escuchar su música y agradecer su encomiable existencia.

Fuente: [Ministerio de Cultura]

Un Adiós de 20 Años

El 8 de marzo de 1983 se apagó la voz de Chabuca Granda. Pero sus canciones siguen contando al mundo la magia y la leyenda de lo que fue su gran amor: el Perú.

Escribe DANIEL ROCA ALCAZAR

PROLOGO.- Hace treinta años yo vivía en Buenos Aires, eran los tiempos del retorno al poder del caudillo Juan Domingo Perón. Un período muy difícil en la historia argentina. Asistía a la escuela y debo confesar con total vergüenza que no me interesaba en absoluto la música peruana, al tener por entonces una acentuada preferencia por la ópera y el tango.

Una noche mis padres me llevaron al “Embassy” de Buenos Aires a ver un espectáculo titulado “Tres mujeres para el show”. Desfilaron Julia Elena Dávalos, Susana Rinaldi y Chabuca Granda, que cerraba el programa.

Cuando salió Chabuca al escenario, observé asombrado que el público, que colmaba la sala, se puso de pie y le brindó un aplauso interminable, mientras le gritaba frases de afecto y de admiración con tal entusiasmo que tuvo ella dificultades para comenzar a cantar. Por primera vez en mi vida sentí orgullo de mi música. A través de cincuenta minutos, ella cantó y contó muchas historias de Lima, “mi ciudad”, y de sus tradiciones.

Y ¿cómo era posible que yo no la hubiese descubierto antes? Su voz, discutida y discutible, me parecía por momentos un extraño violín sentimental y al mismo tiempo una queja desgarradora que brotaba desde las entrañas mismas del Perú. Hablaba de callecitas encendidas, de balcones y noches de interminable bohemia, de ficus, jazmines y jacarandá, de una Lima señorial de casonas enrejadas y zaguanes, de Barranco y su tradicional Puente de los Suspiros. Pero también nos explicaba en una canción el ideal de Bolívar, evocaba el continente americano a través de la figura romántica de María Sueños y nos acercaba a personajes como Pancho Graña, Manuel Solari Swayne, Violeta Parra y Javier Heraud.

Desde ese momento comencé a investigar su obra maravillosa y a través de ella empecé no sólo a amar nuestra música sino a comprender mejor la “geografía sentimental” de mi país y de su gente.

PRIMER Y UNICO ACTO.- Ha pasado mucho tiempo desde entonces y durante los largos años que he vivido en el exterior he vuelto a sentir ese mismo orgullo y esa misma admiración por esta genial artista. Y es porque donde quiera que se escuchen las notas de “La Flor de la Canela”, “Zeñó Manué”, “Fina Estampa”, “Gallo Camarón” o “José Antonio”, se piensa en nuestro país y en nuestro muy rico patrimonio artístico y cultural.

Chabuca Granda ha sido, más que una cantante, una compositora, y más que una compositora, una personalidad insustituible dentro del mundo cultural latinoamericano. Nadie como ella supo recrear y salvaguardar, con inteligencia, inspiración y refinada vena poética, nuestras más puras tradiciones: los caballos de paso, las peleas de gallos, las corridas de toros, la trilogía de esos tres personajes tan limeños: El río, el puente y la alameda. En este último caso Chabuca pareció hacerse eco de las palabras de don Raúl Porras Barrenechea, quien suplicaba “piedad para el puente y la alameda”.

No es mi intención analizar la historia del vals peruano, pero sin lugar a dudas existe un “antes” y un “después” de Chabuca. Con esta maravillosa artista, la música peruana comenzó a recorrer el mundo, con enorme aceptación, en las voces extraordinarias de Los Morochucos o de Edith Barr, por ejemplo. Chabuca ha sido llamada poetisa o poeta por algunos, juglar y cantautora por otros. Pero fue además una extraordinaria intérprete de innegable carisma, aunque ella como cantante se autodefinía irónicamente “un San Bernardo con swing”.

Creo que su mejor descripción la hace el artista y arquitecto Fernando Guembes, cuando nos dice: “… cada tema de Chabuca Granda nos vuelve cómplices de sus anhelos. Es ella la que se convierte en la gran escultora que, mediante sus versos, nos talla el alma de la patria presente para dejarla así… con eterno aire de modernidad”.

EPILOGO.- Chabuca Granda nos dejó tempranamente el 8 de marzo de 1983. Hoy estamos conmemorando veinte años de su viaje sin retorno. En una ocasión como ésta debemos reflexionar sobre la trascendencia de este personaje, síntesis de peruanidad. Ella es patrimonio indiscutido e indiscutible del Perú. Su nombre, ya elevado a la categoría de mito popular, ha pasado a integrar, para orgullo nuestro, ese grupo legendario y exclusivo de los más grandes exponentes de la música continental que conforman Libertad Lamarque, Agustín Lara, Ernesto Lecuona, Carlos Gardel, Pedro Vargas, Lola Beltrán, Rafael Hernández, María Grever. Me atrevo a preguntar y ¿qué es lo que hemos hecho hasta hoy para recuperar y salvaguardar la totalidad de su obra creativa?

La cultura de este país está forjada en gran medida por sus artistas. Chabuca Granda es una columna inquebrantable sobre la cual se ha edificado el prestigio musical de nuestro país en el exterior. Los peruanos le debemos un monumento de gratitud: comencemos a construirlo respetando su legado artístico, parte de nuestra historia pasada y presente y, por cierto, valioso patrimonio nuestro que tenemos la obligación de preservar, como ejemplo e inspiración para las generaciones futuras. Chabuca Granda, de auténtica alcurnia limeña, simboliza ese orgullo por lo nuestro que no debemos ni podemos perder.

Los Romanceros Criollos

(Trio formado por Guillermo Chipana, Julio Alvarez y Lucas Borja)


La última jarana


Sólo la muerte, con su silencio, pudo amenazar a Los Romanceros Criollos. Un paro cardiaco acabó el miércoles 25 con la vida del guitarrista y cantante Guillermo Chipana, y dejó sin futuro musical a sus entrañables amigos Julio Álvarez y Lucas Borja, el director y la primera voz del trío, respectivamente.
“No pude ir a visitarlo en Navidad, porque tengo una fisura en la pierna y debido a un desarreglo se me ha complicado. En la última conversación le comenté a mi compadre que teníamos que cuidar nuestra salud, porque ya no éramos los mismos de antes. Recién me entero de que él se ha ido primero”, comenta, dolido, Julio Álvarez.
Desde hace 49 años compartían su gusto por la música criolla y la bohemia. La amistad influyó en sus vidas, los convirtió en compadres y permitió que el trío se mantuviera unido. Esto no es usual en el mundo artístico. Por eso, el Libro de Récords Guinness lo consideró un hecho insólito.
Los Romanceros Criollos debutaron en un programa de radio El Sol, el 24 de noviembre de 1953. “Nos conocimos en la calle Tigre, de los Barrios Altos, y decidimos formar el trío en la casa de la familia Manos Alva”, comenta Álvarez.
Han grabado 13 long plays e innumerables 45 RPM. Antes de la muerte de Chipana preparaban un disco compacto recopilatorio y de temas nuevos con el que iban a celebrar las Bodas de Oro artísticas. Gracias a ellos, hoy son populares los temas China hereje, Engañada, Por nuestro amor, La que se fue, Amorcito y Mi serenata.
El trío siempre participó en los certámenes importantes, como la inauguración de los canales de televisión. Asimismo, efectuó giras por todo el país, aunque el sueño era además actuar en los escenarios del exterior, sólo se presentó en locales de las fronteras de Perú-Ecuador y Perú-Chile. La anunciada gira por Estados Unidos es hoy incierta.
La última vez que se les vio juntos fue el día en que celebraron su 49° aniversario, el 24 de noviembre, en la peña Amistad y Criollismo, de jirón Áncash, en Lima Cercado. Aquella oportunidad, Chipana fue el primero en llegar a la reunión de agasajo y saludó uno a uno a los invitados. Después se unieron a él Álvarez y Borja, con quienes brindó un espectáculo para el recuerdo.
Ayer, amigos músicos y familiares velaron los restos de Guillermo Chipana en su domicilio de Mangomarca, Zárate. Hoy, a las 12.00 horas, lo sepultan en el cementerio Campo Fe, de Huachipa. Así, nos deja otra gloria del criollismo. (Jesús Raymundo)

EL VALS PERUANO COMO GENERO MUSICAL

Por: Raúl Alvarez-Russi

 

El vals peruano como género musical surge a fines del siglo antepasado al tomar el pueblo el waltz vienés llegado de Europa como en otros países, Argentina, México y Venezuela entre los significativos pero es en el Perú donde adopta sus raíces más fuertes y se nutrió de sabor local con una melodía y armonías especiales en su manera de ejecutarlo que lo hacen muy peculiar y particular y se le puede diferenciar de los demás valses, como no sucedió en ningún país latinoamericano.

 

Originalmente se le ejecutó con guitarras, y nos refiere un grande de la guitarra de Perú como es el maestro Félix Casaverde, hoy radicado en México que al 3×4 de todos los valses se le introduce el 6×8 a ese mismo compás que vendría a ser una negra con puntillo y se le llama tiempo binario y es ahí donde se incorpora muy bien el acompañamiento del cajón, instrumento de percusión netamente de origen peruano, recientemente nombrado Patrimonio Cultural del Perú, y se bailó con movimientos de caderas sincopados.

 

A partir de la década de 1940 comienza su internacionalización con clásicos como “El Plebeyo” de Felipe Pinglo Alva, “Estrellita del Sur” de Felipe Coronel Rueda; “Nube Gris” de Eduardo Márquez Talledo; “Alma, Corazón y Vida” de Adrián Flores Alván y luego “La Flor de la Canela” de Chabuca Granda; “Cuando LLora mi Guitarra” de Augusto Polo Campos; “Historia de mi vida” de Mario Cavagnaro.

 

Ese es el vals que el Perú adquirió como música ciudadana y que se conoce por el mundo con páginas inmortales en las décadas de los 40′ y 50′ del siglo que acaba de terminar, artistas de talla mundial lo han difundido y grabado alrededor del mundo.

 

Este vals peruano como género musical al cual también hicieron un gran aporte compositores tales como: Alicia Maguiña “Indio”; Lorenzo Humberto Sotomayor “Corazón”; Serafina Quinteras “La Muñeca Rota”; José Miguel Correa “Extravío”; César Miró “Todos Vuelven”; Amparo Baluarte “Secreto”; Manuel Raygada “Mi Perú”; Luis Abelardo Núñez “Engañada”; José Escajadillo “Jamás Impedirás”; Juan Mosto “Qué Importa”; Félix Pasache “Nuestro Secreto”; Manuel Acosta Ojeda “Madre”; Leonor García “Si te vas que me Queda”; Pedro Pacheco “Así lo quieres tú”, entre otros. La lista sería interminable pues sólo hemos dado algunos ejemplos.

 

También hay destacados autores y compositores de otras nacionalidades quienes, sin perder el sabor que lleva el vals peruano, han escrito páginas importantes como los argentinos Enrique Dizeo y Angel Cabral “Que nadie sepa mi sufrir”; Belisario Pérez y Margarita Durán “Amarraditos”; el maestro Ariel Ramírez y Félix Luna renombrados autores de la clásica Zamba argentina “Alfonsina y el Mar” dedicaron el vals peruano “Acércate al Perú” que fuera éxito en las voces de Mercedes Sosa y Patricia Sosa; los mexicanos Alvaro Carrillo “El Andariego”; Roberto Cantoral “Quiero huir de mí”; Modesto López “Propiedad Privada”; José Espinoza “Ferrusquilla” ” El Tiempo que te quede libre”; el italiano Paolo Beccaria con el seudónimo de “Pablo de los Andes” compuso “Te toca a ti”; los chilenos Armando González Malbrán, autor del famosísimo tema “Vanidad”, quien escribió el vals peruano “Clavel Marchito” y Vicente Bianchi “Peruanita Bonita”; los españoles Alejandro Jaén, quien dedicó a la peruanísima cantante Fetiche “Soy del Perú” y Manuel Alejandro escribió “Chabuca Limeña” en memoria de la destacada compositora, estos son algunos ejemplos, sin perder ese gusto y sabor de valses peruanos porque así fueron creados.

 

Como el tango y el bolero, que ya traspasaron la barrera de los 100 años de creados, también el vals peruano está en esa categoría y figuras como Julio Iglesias, Raphael, Dyango, Celia Cruz, Plácido Domingo, Maria Dolores Pradera, Caetano Veloso, Cristian, Armando Manzanero, Marisela, María Marta Serra Lima, Ginamaria Hidalgo, Daniela Romo, Paloma San Basilio, Ana Gabriel, Emmanuel, Charlie Zaa, de Chile Palmenia Pizarro, Los Vargas, Los Hnos. Silva, Rosamel Araya; de Ecuador Julio Jaramillo, Patricia González; de Cuba Olga y Tony, Las Hnas. Lago, Ignacio Vila “Bola de Nieve”, Celio González , Los Rufino, Olga Guillot; de Colombia Luis Alberto Posadas y Helenita Vargas “La Ronca de Colombia” y el legendario Trío Los Panchos, Libertad Lamarque, Pedro Vargas y Pedro Infante tienen el vals peruano en sus discografías.

 

Entre los casos más recientes se encuentran el de Emilio Estefan Jr. y el músico argentino Jorge Calandrelli que escriben el vals peruano “Luna Mía” que conjuntamente con otro tema del mismo género compuesto por Roberto Blades “Mi Consejo” están en el CD que este renombrado productor cubanoamericano le produjera a la joven y exitosa cantante argentina Soledad.

 

Este es un claro ejemplo de como se compone en el mundo en género de vals peruano sin ser oriundo del país, aunque hay algunos casos aislados que quieren quitarle el adjetivo de país y esa es una de las razones por la cual presento la conferencia “Al rescate del vals peruano”.

 

De argentina el excelente joven cantor Daniel Bouchet en su segundo CD ha grabado el vals peruano “Historia de mi vida” radicado actualmente en Miami refiere que escogió el tema porque le traían muchos recuerdos de su niñez y es que las típicas argentinas con sus cantantes y los conjuntos folklóricos los tenían en sus repertorios como suyos sin dejar de mencionar que venían del Perú.

 

Es que en Buenos Aires se grabaron los primeros discos con canciones peruanas en las voces e instrumentos de Los Trovadores del Perú, el dúo Los Morochucos, María de Jesús Vásquez, Alicia Lizárraga, Delia Vallejos y el maestro Jorge Huirse y su Orquesta, quienes vivían unas temporadas en la capital argentina, grababan y hacían conocer los primeros valses peruanos en la década de los cuarenta.

 

De los intérpretes peruanos que ganaron fama internacional y siguen triunfando en el mundo esta la recordada Ima Summac quien fuera la que grabara en los Estados Unidos para la Capitol Records “La Flor de la Canela” en 1957 en un L.P. dedicado a valses Peruanos, el mismo año Rosa Gutiérrez “Fetiche”, otra triunfadora, lo estrena en México y lo graba siendo un éxito en su voz…recuerdo como anécdota en Buenos Aires me contaba que le costó aprenderse la letra porque era kilométrica y difícil de recordar…como será de popular ahora después de 44 años que todos recordamos con relativa facilidad la letra del vals peruano más difundido y grabado en el mundo.

 

En España Betty Missiego triunfó cantándolos y grabándolos en sendos L.P. hoy editados en CD. Otra triunfadora Tania Libertad que actúa por el mundo aunque resida en México, comenzó su carrera con valses peruanos grabando más de treinta L.P. ahora en su carrera internacional dedicó uno a recordar a Chabuca Granda y está planeando grabar otro con clásicos del Vals Peruano.

 

Radicado en Miami el cantautor peruano Gian Marco siendo un ídolo de la juventud peruana realizó un trabajo con valses peruanos que fue muy bien recibido, acaba de ser el autor y compositor del tema “El Ultimo Adiós” producido por Emilio Estefan Jr. y que servirá para los fondos de las familias de las víctimas de los recientes atentados terroristas en la ciudad de New York.

 

Este es un artículo de una serie dedicado al género del vals peruano y es bueno que nosotros sepamos defender lo nuestro, nos ha pasado con el pisco y la Chirimoya que ahora la quieren rebautizar con el nombre de chilemoya, el cajón peruanísimo con los andaluces y ahora ¿qué viene?… le quieren quitar el adjetivo de país a nuestro vals y llamarlo vals latinoamericano o solamente vals criollo o valse…¡NO!… hay que llamarlo ¡VALS PERUANO!

 

¿Qué hacer?…preocuparse e interiorizarse en nuestros temas, difundirlos, porque si nos callamos y no salimos al frente es como aceptar que lo que dicen es verdad, concientizar y cada vez seremos más los que defendamos todas nuestras costumbres, músicas, comidas y bebidas que también son símbolos de identidad nacional.

 

 

El espejo de mi vida

La obra de Felipe Pinglo, el filósofo de la canción ciudadana, es tan grande y hermosa que se sigue, y seguirá, estudiando y entonando a pesar de haber pasado muchísimos años de haber sido creada. En ella podemos encontrar poesía, romanticismo, una manera especial de narrarnos lo que sucedía alrededor de la gente, la sociedad, las costumbres y el amor. También nos hace reflexionar, como es el caso del vals “El espejo de mi vida” que fue compuesto hace 70 años por nuestro inmortal bardo criollo.
Con “El espejo de mi vida”, Felipe Pinglo nos hace meditar y que veamos nuestra vida como reflejada en un espejo para que si no supimos aprovechar de ella en forma positiva, despertemos ante la realidad de la vida y nos demos cuenta, de una vez, que los años no pasan en vano ni que toda la vida seremos los mismos, luciendo bien o con la misma fuerza de la juventud. A través de “El Espejo de mi Vida”, Pinglo nos mandó su mensaje para que cambiemos a tiempo y sembremos valores que perduren a través del tiempo y de la muerte.
El músico, cantor y compositor Alcides Carreño fue quien, a pedido de Pinglo, estrenó el vals “El espejo de mi vida” en el Teatro Apolo, situado en la Calle del Chirimoyo 941 (actual novena cuadra del Jr. Puno), Barrios Altos. Carreño conservaba el apunte de puño y letra suscrito por Felipe Pinglo, dedicándole su vals “El espejo de mi vida”, el cual tenía la firma de Pinglo y tenía la fecha 14 de setiembre de 1935. Dicho apunte fue apreciado por Roberto Martín quien entrevistó a Alcides Carreño, apareciendo dicha entrevista, “El Pentadrama de Alcides Carreño”, en la página 11 del suplemento VSD de La República del viernes 1 de octubre de 1982.
Según Aurelio Collantes, cuando Pinglo se encontraba guardando cama debido a los primeros espasmos asfixiantes, desde su lecho de enfermo pidió un espejo para peinarse. Al contemplar su rostro demacrado Pinglo comenta: “Ya estoy viejo, hay arrugas en mi frente”. Tomando su cuaderno de apuntes que guardaba bajo la almohada escribe la letra del valse (Pinglo Inmortal, Lima 1977).
Pero Collantes también señala de que en torno a este maravilloso vals, el sastre Jorge Lázaro Loayza, que tenía su sastrería en la Calle Trinitarias (actual séptima cuadra del Jr. Ancash), ha sido objeto de reportajes donde declara tener la guitarra del maestro y que en su espejo de prueba brotó repentista la evocación de los años mozos.
A pesar de haber transcurrido 69 años de la desaparición física de Felipe Pinglo, el inmortal bardo criollo sigue siendo el más grande compositor de música criolla del Perú, por ello se mantiene siempre presente en la memoria de todos los que gustan y aman nuestro acervo criollo.
El espejo de mi vida
(Vals Peruano)
Autor: Felipe Pinglo Alva
Ayer tarde me he mirado en el espejo,
pues sentía por mi faz curiosidad,
y el espejo al retratar mi cuerpo entero,
me ha brindado dolorosa realidad.
Ya estoy viejo, hay arrugas en mi frente,
mis pupilas tienen un débil mirar,
y mis labios temblorosos y arrugados
saboreando están los besos
que ayer dieron y hoy no dan.
Tuve amores y mujeres a porfía,
fui mimado y halagado con afán,
mas aquella juventud que yo tenía
fue muy loca y no la supe remediar.
Con los años huyeron mis privilegios,
uno a uno mis idilios vi fugar,
y hoy tan sólo de este apogeo me quedan
bucles, retratos, pañuelos,
cartas de amor y nada más.
El espejo en que me vi hoy es mi amigo
porque mudo me ha mostrado la verdad,
yo conozco el secreto del olvido
y comprendo el porqué de mi orfandad.
¡Pobre viejo! dirán todos al mirarme,
¡pobre viejo! el eco repetirá;
y este viejo ensayando una sonrisa,
una mueca de desprecio
con orgullo ofrecerá.
Dario Mejia
Melbourne, Australia

Los autores del vals “Melgar”

El Vals “Melgar” es una especie de himno popular de los arequipeños, el cual le pertenece a Benigno Ballón Farfán y Percy Gibson, a quienes, en esta oportunidad, me referiré brevemente.
Benigno Ballón Farfán
El compositor, director, arreglista y cantante Benigno Ballón Farfán nació el 13 de febrero de 1892 en Arequipa, en el tradicional barrio de San Lázaro, en el Callejón de Los Cristales No. 106. San Lázaro es el barrio arequipeño más antiguo por lo que Ballón Farfán estuvo rodeado de la tradición arequipeña desde su nacimiento.
Desde niño sintió una gran afición por la música aprendiendo, primero, a tocar perfectamente el rondín. A los doce años dominaba muy bien la guitarra y el laud, luego aprendería los secretos del piano. Con tan sólo 15 años ya era un músico experto y a los 20 años era el músico más popular de Arequipa. A la edad de 22 años ya dirigía su propia orquesta.
Cuando en 1907, a la edad de 15 años, viaja a Bolivia para descansar y recuperar su salud, tenía como compañía unos versos del poeta Percy Gibson, así que él, que ya era un músico experto, añorando su tierra lejana le pone música a los versos de Percy Gibson y empieza a nacer así el vals “Melgar”, en parte.
Ya en Arequipa, y en plena juventud, escribe los versos de la tercera parte del vals “Melgar” por lo que dicho vals fue compuesto en su primera y segunda parte con la letra del poeta Percy Gibson, estando en Bolivia, y la tercera parte en Arequipa con letra del propio Benigno Ballón Farfán.
Se casó 3 veces, enviudó dos veces y llegó a tener 15 hijos. Su obra musical bordea los 280 entre zarzuelas, música clásica, religiosa, arreglos de yaravíes, fox-trot peruanos, canciones escolares, marchas, himnos, carnavales, pampeñas, yaravíes, marineras y valses.
Falleció el 12 de julio de 1957 en Arequipa. Se encontraba muy pobre por lo que el doblado de campanas de la Blanca Ciudad, anunciando su partida, pareciera que quisiera repetir lo que decía Ballón Farfán en su vals “Melgar”… “Blanca ciudad, / de eterno cielo azul, puro sol, / montañas de mi lar, donde nací, / en donde me crié para amar. / Aquí dejo mis sueños, / aquí dejo mi amor, / aquí dejo mis sueños, / aquí dejo mi amor. / Aquí dejo mis lágrimas / de eterno desconsuelo / porque mi estrella triste / fue cruel…”
Jorge Antonio Percy Gibson Möller
El poeta Jorge Antonio Percy Gibson Möller nació el 13 de abril de 1885 en Arequipa. Se le llegó a conocer solamente como Percy Gibson. Estudió en el Colegio Nacional de la Independencia Americana, en Arequipa.
Desde niño sintió afición por los deportes siendo el fútbol el que lo atrajo, llegando a jugar por el Club Atlético Arequipa. En 1904 empezó a firmar sus primeros versos con el seudónimo “Pg”. Colabora también con la revista “Cultura”. Usó el seudónimo de “Jacobo Dalevuelta” en “El Aquelarre” de Arequipa en 1916.
Su creación poética “El Gallo” es la que más se recuerda. Al respecto dice Luis Alberto Sánchez en Panorama de la Literatura del Perú (Lima, 1974): “Gibson no logró sobresalir por su tono rural, sino por el clamor bélico de ‘El Gallo’, composición muy celebrada, pero acaso menos significativa que su etapa posterior de sonetos irónicos, olientes a fogón de picantería arequipeña, y de églogas escritas en sonetines armoniosos y delicados. Gibson surgiría después, con los colónidas”.
Entre sus obras destacan: “Evangelio democrático”, “Cantos gregorianos”, “Gobelinos de Granada”, “Jornada heroica”, “Trompetería en tono mayor al 2 de mayo”, “Carta al señor William Belmont Parker”, “Sátira contra un proyectado diccionario de peruanos contemporáneos”, “Coca, alcohol y música incaica”, “Quosque Tandem”, “Cosas de la era actual”, “Don Pío Baroja, el canónigo Ostolaza y Poncio Pilatos”, “Luz increada”, “El pensamiento creador” y ”Yo soy”.
Percy Gibson es el padre de Doris Gibson, fundadora de la revista “Caretas”. Falleció el 5 de setiembre de 1960 en la ciudad de Bieleffeld, Alemania, pero su nombre, al igual que el de Benigno Ballón Farfán, ha quedado grabado en la memoria y los corazones del pueblo arequipeño por sus maravillosos versos del vals “Melgar”.
Dario Mejia
Melbourne, Australia

P.D.
Datos biográficos proporcionados por Dante E. Zegarra López, autor del Diccionario Histórico Biográfico de Arequipa y Subdirector del diario “Arequipa al Día”.

RELATO: NOTAS DE UN CONCIERTO

Un festival de música criolla no es noticia para la prensa local, que parece más interesada en que figurita de T.V. estrena nuevo físico. Ante su ausencia, el homenaje a los 12 años en la música de Jorge Luis Jasso, fue un excelente espectáculo para un público numeroso. Jasso, Los Hermanos Santa Cruz, Pepe Vásquez, Ernesto Pimentel, Cecilia Barraza y el ballet de danzas Expresión Folklórica, armaron la jarana.

La tarde caía cuando Los Hermanos Santa Cruz subieron al escenario. Enternados, arrancaron con “Y se llama Perú”. Su participación fue muy divertida, jugaron en el escenario, representaron las canciones. “Hemos lanzado nuestro disco y hoy hacemos otro lanzamiento”, dijo uno de los hermanos y lanzó un disco al público. Los cajones retumbaron, mientras los hermanos cantaban: “ese ritmo de negro, ese ritmo sabroso, ese ritmo festejo aquí”. Festejo final para una noche que recién empezaba.

Dos negros bajaron del escenario y subió otro, que pesaba por los dos. Pepe Vásquez y su habitual show. Sin embargo, la gente lo quiere así, pues en realidad el público criollo es muy conservador. Sudó la gota (super) gorda y elevó aún más la temperatura del recinto. En un momento de su actuación, invitó a Leticia Curay. Muy tímida ella, esperaba siempre una venia de Pepe para acercarse.

Sin esperar más, como si se tratase de un nuevo cantante, en medio del espectáculo, subió Jorge Luis Jasso, elegantemente vestido. “Hoy comparto estos doce años, agradeciendo a nuestros artistas y compositores. Pido un aplauso para nuestra música, y para quienes han construido esta historia hermosa”, fue lo primero que dijo un generoso Jasso. Luego recordó sus inicios y en honor a ese recuerdo, interpretó clásicos como “Corazón” o “Cariño Malo”. A continuación, su aguda voz se elevó por los aires para interpretar temas propios.

Ernesto Pimentel, amigo de Jorge Luis desde la época en que estudiaban teatro, cantó algunos temas clásicos. Lo más resaltante de su participación fue la simpatía que le mostró el público. Luego apareció en escena, Cecilia Barraza de negro y pequeñita, pero de chispa grande. Provocó a los hombres (“¿hay alguno aquí?”), se quitó los zapatos para bailar, encantó a la audiencia y bajó rápido.

Es necesario resaltar la participación del conjunto musical que acompañó a todos los artistas, ¡qué tal vitalidad, no paraban nunca! Y, por supuesto, hay que mencionar a Expresión Folklórica, conjunto que presentó diversas danzas del Perú, demostrando versatilidad y derrochando gracia.

El capítulo final, fue la vuelta al escenario de J. L. Jasso. Invitó a Cecilia a cantar juntos “Alma, Corazón y Vida”. El público vibró. A Jasso, no se le escapó ninguna…como buen piurano que es, se puso el poncho y el sombrero y cerró con un tondero, con sus padres y representante organizador del espectáculo Pepe Polanco en el escenario. Acabó echado en el escenario entre aplausos del rendido auditorio . Luego él aplaudió. La faena del delgado matador había concluido. Y la noche cubrió ya.

Texto y fotos: Wili Jiménez Torres

LA LIMA DE MIS AMORES

“Que viva Lima, viva mi patria ./. hermosa tierra de promisión ./. ciudad adornada de tauromaquia, ./. de vivanderas y serenatas, ./. que hermosa es Lima tu tradición”… “Lima Criolla”, vals con el que Manuel Raygada le brindó su homenaje a la ciudad de Lima.
La ciudad de Lima, la famosa “Ciudad de los Reyes” o “Ciudad Jardín”, como también se le conoció en un pasado no muy lejano, está en su mes de aniversario. Dondequiera que haya estado siempre me ha gustado resaltar lo bueno que tiene mi Lima, y digo que es mía porque hasta donde yo sé, todavía no la he vendido ni está en mi mente hacerlo.
“Oh Lima de encanto y primor ./. balcón florido asomado al mar ./. ciudad con ritmo de canción ./. y gracia de tapada colonial. ./. Gallarda capital del sur ./. colmada de progreso y de tradición, ./. Oh, Lima el embrujo hechizante ./. de locos imperios tienes la pasión ./. la magia en terreno incario ./. del gran virreinato la gran altivez”… versos con los que Jorge Huirse y Enrique Portugal nos hacen bailar al ritmo de polca con la canción “Lima”.

Lima es una ciudad que se hace querer con su música, su comida y el cariño de su gente… es por eso que Lima es y será una ciudad que difícilmente alguien pueda olvidar. Para muchos el amor por Lima es un idilio eterno que durará toda la vida y que aún después de muerto seguirá trascendiendo.

La Lima que Ricardo Palma inmortalizara en sus famosas tradiciones, la Lima que batalló contra el invasor, la Lima que Chabuca Granda adoraba y con quien se identificó a través de sus composiciones, la Lima del Señor de los Milagros, la Lima de Santa Rosa y San Martín de Porres, esa Lima atravesada por el río Rímac es la que uno ama y lleva en su corazón.

“Así es la Lima que quiero ./. y esa es la Lima que lloro, ./. la ciudad de mil quimeras, ./. la del trapío que adoro, ./. la que dio la marinera, ./. la que sabe a resbalosa, ./. ¡a qué volverla modosa ./. si esa es la Lima de veras!”… estrofa del vals ”Lima de veras” de nuestra grandiosa Chabuca Granda.
La Lima de Augusto Polo Campos donde cada Domingo a las 12 después de la misa muchas parejas todavía se reúnen en las plazas y parques a pasear y a cantarse su amor al compás de algún vals ya sea del Zambo Cavero o de nuestra grandiosa Eva Ayllón… esa Lima donde Oscar Avilés hace llorar a la guitarra con sus acordes incomparables.
La Lima de las tapadas y de la Perricholi… esa Lima de mujeres hermosas, inteligentes e ingeniosas que tienen una gracia y salero sin igual que lo demuestran en su andar y al sonreír.
“Limeña que tienes alma de tradición, ./. repican las castañuelas de tu tacón ./. pasito a paso vas caminando, ./. por la vereda que va entonando, ./. como si fuera un bordón ./. compases de marinera con tu tacón. ./. Boquita de caramelo cutiz de seda ./. magnolia que se ha escapado de la alameda ./. en tu sonrisa hay un pañuelo ./. que enamorado llega hasta el cielo./. perfumado de Jazmín, ./. para bailar marinera con San Martín”… un justo homenaje y reconocimiento a la belleza, gracia y encanto de la mujer “Limeña” en este hermoso vals de Augusto Polo Campos.

La Lima con su corrida de toros, sus turrones, sus anticuchos y picarones… la Lima de los tamales, la revolución caliente y tradiciones muchas de ellas olvidadas, esa es la Lima que abarrota estadios cuando juegan Alianza Lima con Universitario de Deportes.

La Lima que la UNESCO catalogara como Patrimonio Cultural de la Humanidad, con sus balcones virreinales, el Palacio Torre Tagle, los Conventos de San Francisco, Santo Domingo, de los Descalzos y San Agustín, el Paseo de Aguas, la Alameda de los Descalzos y el Puente de los Suspiros.

“¡Oh! Lima, tan hermosa, ./. te brindo esta canción ./ de alegre melodía, ./. vibrante de emoción, ./. pues siempre tu fragancia ./. se impregna en nuestras almas, ./. y aunque de tí me aleje ./. se queda el corazón”…. del vals “Lima, Ciudad Jardín” de Willy Hartmann Eguren.
La Lima con sus construcciones modernas como el Jockey Plaza o Larco Mar; globalizada con McDonald’s, KFC, Ripley, Santa Isabel y culturizada con el Gran Parque de Lima.

Esa es la Lima antigua y moderna que aunque pasen los años uno siempre lleva muy dentro del corazón y a la que nunca dejará de cantarle ni de resaltarla por más lejos que uno se encuentre.

“Lima de mis amores, aquí tienes tu canto ./. en la voz de un limeño que te ama de verdad, ./. que conoce con Palma tus bellas tradiciones ./. y recuerda con Gálvez la Lima que se va”… estrofa de “Lima de mis amores”, composición con la que Lorenzo Humberto Sotomayor expresa su amor por Lima.

Dario Mejia
Melbourne, Australia

 

ORIGENES DE LA MARINERA

La marinera es producto del mestizaje hispano-indigenista, con aportes culturales traídos por el negro africano y caribeño.

El especialista e investigador JOSE DURAND, considera a la Zamacueca como antecesora y madre de la marinera. El investigador argentino CARLOS VERA, afirma que este baile nace en Lince, posiblemente en 1610, clasificandole en el grupo de danza de pareja suelta, independiente, picaresca y que utiliza como aditamento el pañuelo.

Con la llegada de los españoles a América Latina, los ritmos diferentes del viejo mundo se refugiaron deleitados en nuestro Continente: vino el “Fandango” que mezclado con las “Cashuas” determinó el nacimiento de otros bailes. Luego nació el bullicioso Tas-be mejicano, el Cielo Gaucho argentino, el Zambo venezolano, el Bambuco granadino, el Amor Fino ecuatoriano y la Sajuriana chilena (casi al igual que en el Perú el Toro Mata que encandilara a los viejos negros en las noches bohemias cerca a los viñedos).

Para el costumbrista FERNANDO ROMERO, la Zamba, baile colonial de bozales y mulatos, fue madre de la Zamacueca y abuela de varias subformas coreográficas peruanas entre las que se cuenta la Marinera.

La marinera toma el nombre en 1,879 cuando el periodista y gran folclorista costeño ABELARDO GAMARRA “El Tunante”, bautiza con ese nombre a la Zamacueca en honor a las heroicidades del Huáscar que sorprende al mundo combatiendo en el Pacífico a la gran flota chilena.

TEORIAS ACERCA DE SU ORIGEN

La Marinera originaria del Perú: Corriente peruanista que afirma que la zamacueca es de origen netamente nacional e inclusive encuentra sus origenes en la época de expansión de los Mochicas y de los Incas, con vinculaciones a las costumbres funerarias de los antiguos habitantes del Tahuantinsuyo, proviniendo su nombre del quechua Zawani (Raíz: sama o zama), que significa descansar. El historiador peruano ROMULO CUNEO VIDAL, expresa textualmente que la zamacueca fue la danza de la holganza y de la alegría, su nombre derivado de zawani significa: baile del día de descanso, “Zamiquiqui” esto es descansar, holgeos (en la colonia) el amo o sus siervos y empleados al cabo de una semana de rudo trabajo. Tales afirmaciones se respaldan en la existencia de huacos que muestran parejas danzando este baile. La mujer y el hombre tienen una especie de bolso o pañuelo, él esta con la mano en la cintura y ella la tiene en la espalda.

Los hispanistas: Los españoles en sus manifestaciones sociales exponían bailes de salón como Minué, Cuadrilla, Rigodón y otros que por sus elegantes movimientos de prestancia y señorío, pudieron haber sido fuente de inspiración para la Marinera, la que pudo ser copiada por la servidumbre y gente del pueblo que los espectaban.

El estilo melódico y el empleo de la tonalidad presentan a la Zamacueca, como parte de la música hispana. El uso armónico de instrumentos como la guitarra y el arpa resulta eminentemente europeo.

Los africanistas: Estos son los que juzgan que la Marinera es de origen exclusivamente africano. Se fundamentan, en que este baile siempre tuvo como cultores a los zambos y negros, quienes con sus cantos y danzas imponían las costumbres del lejano continente.

La etimología del término “ZAMACUECA” sería: “ZAMACLUECA” para dar a conocer que la zamba por sus contorneos y felinos movimientos está como la gallina que ha puesto un huevo como empollar: “CLUECA”.

NICOMEDES SANTA CRUZ, dice que no fueron zamba y cueca las palabras que dieron origen a la zamacueca, sino Samba y Cuque, de Kibunda “venia” para iniciar el lundú.

Recién en 1800, se acusa recibo de un baile llamado “Zamba” que posteriormente es llamado Zamacueca, y que los africanistas sindicaron como madre de la Marinera.

Transcurre el 800 con sucesivos cambios de nombre de este baile conociéndosele como “mozamala”, “zamacueca”, “el baile del pañuelito”, cambios que obedecen a los sucesos de la época y a la evolución de la cultura y la condición social de la gente.

Posteriormente, teniendo en cuenta su semejanza con la cueca chilena, recogió nuestro baile el apelativo de la chilena. Después de la guerra del 79, y por iniciativa de ABELARDO GAMARRA “El Tunante”, se rebautizó como baile de marinería o baile de la Marinera, en homenaje a la Marina Peruana, simbolizando las jornadas heroicas del gran Miguel Grau en el legendario Monitor “Huascar”, por el vaivén marino que caracteriza el “cimbreo” de nuestro baile. Así se consagró definitivamente como: “MARINERA”.

Probablemente la época de oro de nuestra Marinera, fue aquella lucha sorda entre los partidarios del Mariscal Don Avelino Cáceres y el gran caudillo demócrata Don Nicolás de Piérola, guerra civil que culminó con la entrada triunfal de “Los Montoneros”, en el año 1895.

En 1893 se escribió la primera Marinera para piano y canto, llevando como letra una linda canción callejera de José Alvarado “Alvaradito”, el más popular y criollo de los compositores capitalinos de ese entonces y música de Abelardo Gamarra “El Tunante”, siendo llevada al pentagrama por la entonces niña limeña Doña ROSA MERCEDES OYARZA, fue publicado en 1899 con el nombre de “Razgos de Pluma” dedicado por su autora a don Abelardo Gamarra, con motivo de la aparición de su libro titulado también “Rasgos de Pluma”.

En esta forma Julio Rojas Melgarejo, aclara que la “Concheperla” no es más que copia fiel de la marinera “Rasgos de Pluma”, revela además que la primera marinera que compuso “El Tunante” se llamó “La Antofagasta” y fue escrita en marzo de 1879, con Nuñez del Prado, inspirada también en la guerra con Chile.

MODALIDADES DE LA MARINERA

La danza nacida de la vieja Zamacueca, ha cobrado carácter propio y sea limeña, norteña o serrana, la Marinera es peruana y nacional, y ella como nuestro pueblo han tomado elementos que pertenecieron al blanco conquistador, al esclavo de ébano africano y al quechua cobrizo sentimental.

El aporte hispano se manifiesta en ciertos movimientos de pie femeninos y la suave elegancia con que la mujer maneja el pañuelo nos recuerda ciertos ritmos hispánicos de salón: el Minué, la Cuadrilla, el Rigodón y otros que por sus elegantes movimientos de prestancia y señorio pudieron haber sido fuentes de inspiración para la Marinera.

Hay en la marinera el indudable pasado negro que le viene a través de su madre la Zamacueca. El elemento negro está en la voz del cajón que se expresa roncamente por ciertas partes de la melodía alegre e incitante, en el acoso sexual con que el varón persigue a la dama y el quimboso donaire con que ella esquiva.

Pero ante tal herencia africana se levanta otra indígena y a pesar de su atuendo colorido, en toda marinera suena un ¡Ay! dolorido que en la voz indígena se queja todavía de épocas de explotación y menosprecio, aunque tampoco faltan los elementos que toma del huayno común, el que recuerda felices tiempos.

Como vemos, la marinera, el baile nacional peruano, tiene su origen en un mestizaje hispano indigenista, con posterior influencia de los aportes culturales traídos por el negro africano y caribeño. El predominio de unos y otros depende de las regiones y sus culturas.

RECORDANDO A ALEJANDRO AYARZA “KARAMANDUKA”

Una noche que no los dejaron entrar de “zampones” al Teatro Lima, arrunzaron con los coches estacionados hasta Barbones, donde en represalia, desengancharon y espantaron los caballos.
En un baile de fantasía realizado en el foyer del Teatro Olimpo – hoy Municipal, Karamanduka se disfrazó de mujer y “coqueteó” toda la noche con un marinero inglés, a quien le “gorreó” muy buenos tragos y que al final se llevó un gran chasco al quitarse la peluca “Ayarcita”.
Avecindaba Alejandro Ayarza por la Plazuela de San Sebastián, ubicación de la Botica del iqueño Tellería, a quien por su parecido con el personaje de la zarzuela La Verbena de la Paloma, lo apodaron “Don Hilarión” y lo fastidiaban reventando cohetesillos a altas horas nocturnas.
Algo chispeados el grupo palomilla, se encaminó a La Torrecilla a casa de Meche Medrano, contigua a la de La Mamita. alli la Palizada se puso en bomba con botellas de Anís del Mono y cerveza alemana “Bulldog”, festejándo el serenateo a un parroquiano.
En éste lugar de diversión era pianista un sujeto rechoncho y negro albino. apodado “Piojo Blanco”, que algunas vecs alternaba como organista en la iglesia de Las Nazarenas cuando se realizaban casamientos u honras fúnebres.
Estando medio “chato” y culebreando veredas nuestro amigo llegó adelantado al templo y haciendo zetas de puro borracho, subió las escaleras que conducían al órgano, donde se entregó a los brazos de “Morfeo”
Habiéndo ya principiado los responsos, era el momento preciso de preludiar la “Serenata de Schubert”; sin oír las llamadas de campanillas que el Sacristán le hacía, éste se amoscó y le “frotó” las orejas para despertarlo, el músico soñaba con la tremolina de La Meche… y despertándose a medias, arremetió estrepitosamente  con las vibrantes notas de una marinera!!!
Mientras tanto en el lupanar se había armado una “bronca” de la piquitri mangansuerva, con botellazos, cabezas rotas etc, etc, etc, tuvo que intervenir el Mayor de la guardia con una buena dotación de “cachacos” y llevaron a los jaranistas con guitarra y todo a los calabozos de la Primera Comisaría de Monserrate. Allí fungía de Comisario Civil interino el mentado “Dinamita” quién al oír la zarabanda que aramba esta banda de zamarros, les propuso que en el término de una hora compusieran una canción que no fuera conocida, sino nadie salía hasta mandarlos a la Intendencia.
Karamanduka y su grey aceptó el desafío y al cumplirse el plazo salieron muy orondos a compas apresurado, entonando estas coplas :
“Somos los niños mas conocidos
de esta noble y bella ciudad…”
 
 
Inspirado en narraciones varias, sobre todo de don Aurelio Collantes, “La Voz de la Tradición”
 

Enviado por Walter Huambachano I.

RELATOS DE JARANA

Con el permiso de Walter Huambachano, hijo de uno de los más grandes cultores de nuestra querida Música Criolla, les entrego a todos Uds., unos relatos de la más pura jarana que se vivió en aquellos tiempos en casa de su padre don Luciano Huambachano Temoche, es un relato que encontré en un libro y pues le hice la transcripción del caso, pero para que sea más interesante lo iré enviando por partes, espero que lo disfruten y sea de su completo agrado.

José Antonio “El Chalán”

RELATOS DE JARANA
por Roberto Salinas

(Primera parte)

La casita era famosa. Quedaba en una agrupación de vivienda en la margen izquierda del jirón Caquetá, en el Rímac lo que viene a ser la continuación de la Av. Alfonso Ugarte, pasando el Puente del Ejército. Una entrada amplia, testigo de mil confidencias, daba acceso a una especie de jardín, por cuya vera derecha había que seguir hasta llegar a la tercera puerta. Ventana amplia y puerta pequeña. Allí vivía Luciano Huambachano, famoso autor de “Barrio Bajopontino”, jaranero, guitarrista y cantante, bohemio y criollazo.

Un cholo cetrino, que era capaz de pararle el pleito a cualquier cantante de nota. Sabina, su mujer parecía hecha a su medida. Sonrisa fresca y supertolerante. Aceptaba como la cosa más natural que su esposo atendiera a sus amigos y si había que meter la mano a la cocina, la metía y ¡eso era una bendición de Dios!. Porque si alguien cocinó mejor que Sabina, don Ricardo Vicuña, el maestro del billar, y filósofo de la viveza, ya lo hubiese sabido. Y a nosotros don Ricardo siempre nos dijo que donde mejor cocinaban era en casa de Huambachano.

Como por arte de magia doña Sabina preparaba diez platos al hilo y lo hacía con tal alegría, que parecía transmitir ese estado de ánimo a su comida. Siempre hubo discusión si cocinaba mejor la carapulca que el caucau o el
olluquito. Nosotros seguíamos al maestro Vicuña y nos solíamos despachar todos los platos posibles de la bendita carapulca. Betty, la hija más linda, centro de las miradas francas o soslayadas, se limitaba a sonreír. Y entonces daba ganas de comerse todos los platos de tan mágica cocina.

En esta casa pequeña, de sala y comedor pegados como siameses, los oídos se nos quedaron tintineando luego de escuchar, por primera vez, a los señores negros que iban a buscar a Rodolfo Espinar a la redacción de Expreso. Cantaban “La abeja”, valse del “Chino” Ernesto Soto, más conocido como “Tomate”.

La aguda voz de Augusto Ascuez era mantenida arriba por el cantar encubierto de la “segunda de ascenso” de su hermano Elías. “Quisiera ser como la abeja / que vuela sin que nadie la detenga / besa las flores / toma el zumo / y echarlo en tu boca cual rocío. De flores primorosas / del jardín cual un ensueño / que un hada ha besado al pasar / que un hada ha besado al pasar /. Después de haber mirado de reojo ese tu talle / , quisiera una y mil veces contemplar/”.

Si hasta aquí el valse era un poema para debutantes de jarana, como nosotros, lo que siguió después fue el acabose. Entró el “Manchao” Alejandro Arteaga y la casa remeció. “Tu carita de grana / tus ojeras que engalanan y tu pelito que parece volar / Tu carita de grana / tus ojeras que engalanan y tu pelito que parece volar / Quisiera ser como la abeja…”. ¿En qué tono tan alto habría cantado el “Manchao”? Los oídos nos quedaron tintineando, como si cada nota hubiese agitado nuestros tímpanos hasta hacerlos temblar.

(Segunda parte)
CANTA EL LEON

Pero todo tiene su explicación. La casita de Luciano estaba cerrada por todos los lados, por una orden mayor que no admitía discusiones. Don José Arana Cruz era famoso por su cara de león, “un corte” que le bajaba del pómulo a la barbilla y un permanente gesto fiero que la verdad asustaba. Era el gran “Patuto”, ex-“operador” en las canchas de fútbol, también entrenador de su Chalaco, bravo, al extremo que cuando iba a dar las instrucciones técnicas, juntaba a los “muchachos” Rosasco, Portanova, Mina, Aguilar y, antes de empezar, ponía las razones sobre el tapete. La más impresionante era una chaveta que la clavaba con tal maestría que quedaba oscilando ante la indiferente mirada de sus pupilos. “¡El que manda soy Yo, carajo!. ¿Tá bien?”. Un simple movimiento de cabeza le permitía seguir.

Este mismo José Arana era bohemio, amigo de los jaranistas, y gustaba cantar viejos valses de Pinglo. Aquella noche 24 de noviembre, víspera del santo de Huambachano, entonaba “Astro Rey” con una cadencia sentida que en lugar de león parecía un gato. Al llegar a “Soy violeta gentil….”, un palomilla pegado a la ventana, por el lado de afuera, le gritó: “¡Con esa cara, como vas a ser violeta!”… Y fue terrible. “Patuto” quiso salir para agarrar al mocoso, pero éste ya había volado sabe Dios con que dirección. Todo molesto, “Patuto” sentenció “¡Cierren las ventanas!”, y como la puerta estaba cerrada para eludir a los zampones, nos quedamos encerrados.

Esa acústica fue la que motivó nuestro primer tintinear de oídos en una jarana criolla. Luego vendrían los Ascuez, con Luciano y el “Manchao” Arteaga para tener arriba, siempre arriba, a “La abeja”, del “Chino” Soto.

(Tercera parte)
PASEN, PASEN

Por la casa de Luciano Huambachano desfilaron los más conspicuos cantantes criollos. Aquella vez de la víspera de su cumpleaños, todo el mundo esperaba la jarana de contrapunto, pues se habían integrado hasta tres grupos que se miraban con respeto. La primera opción la tenían los Ascuez, pues Augusto las sabía todas y le sobraba para regalar. Además de buena memoria, sabía improvisar mejor que nadie. Ese negro era una maravilla, un portento. Tenía tal porte, tal forma de ser, que hasta los blancos le escuchaban y le hacían caso. Parecía dueño del respeto. Y alguna vez nos preguntamos si este negro portentoso no sería jefe o rey, si hubiese nacido en su Africa ancestral. ¡Era sinónimo de nobleza!. Junto con Augusto se cuadraban su hermano Elías y el “Manchao” Arteaga. En otro lado, estaba el “Curita” Gonzáles que se acomodaba con Manuel Covarrubias, compositor de lujo y buena segunda. También se sumaban Abelardo Vásquez, heredero de Porfirio, su entrañable padre llamado “El Marqués”. No se hacía problemas con Wilfredo Franco. El cajón de Francisco Flores, simplemente “Pancho Caliente”. Con ellos, podían haber 80 mil cantantes en Lima, pero la casa de Luciano parecía abierta exclusivamente para algunos.

Si escuchar ya era una lindura, ver a Nicolasa (hija mayor de Augusto Ascuez, casada con Ricardo del Valle, “Mil quinientos”) bailar con el gringo Ambrosini, el buen “Gato blanco”, era todo un acontecimiento. Nicolasa bailaba casi con la misma cadencia de Bartola, es decir, la marinera pausada, rítmica, no la saltarina, que también es limeña, pero con huella norteña, la que practicaba Valentina con su famoso ¡que me hacen!.

Doña Irma Céspedes, compañera de Oswaldo Campos, dueña de un cuerpo escultural y un donaire capaz de desgraciar, lanzaba los zapatos al aire y también salía al ruedo para bailar marinera. Jamás gozo tanto Mañuco Covarrubias mirando esas piernas, desde el suelo, hasta llamarla “Condesa Descalza”, mientras el flaco Espinar se mandaba a dibujar la marinera.

Llegaba gente notable. Cantaban los Enríquez: Barahona y el “Cholo” Peña, y la casa enmudecía. O Fernando Loli, sobrino de Luciano, que en dúo con José Moreno el gran “Paquete”, eran sensacionales. Cantaban y cantaban. Mientras la buena Sabina servía y servía, ayudada por Valentina, la “Gata” Sabina, esposa de “El niño”, mamá de Makarios.

La noche se volvía día y el día se volvía noche. Había cambio de personal, porque jamás un día fue suficiente para celebrar el santo de don Luciano Huambachano.

Origen de la expresión “Palizada”

Por los años 1886 funcionó en Abajo el Puente ( hoy Rímac) en la calle Contradicción, en una finca de altos con vista al río, una “casa de tolerancia” acreditada por la calidad de sus pupilas, en la mayoría limeñas, de gran “trapío” y gentileza,  y bellas sin par.
Esta casa era regentaba por una hembra de rezagos de juvenil guapeza, llamada María Luisa, y más conocida por “La Tintorera”, la cual tenía una hermoza hija, muy arrogante, de hermoso rostro, talle alto y esbelto; que a diario vestía con bata larga y blanca y un grueso cachiné rojo enroscado al cuello, parecía uno de esos afiches que simbolizan la Patria, posando sentada y con el pabellón nacional.
El ingenio travieso y forajido de la época acabó por bautizarla  con el alias “La Libertad Parada”
A este templo del amor concurrían los mejores partidarios del codo empinado, o de la copa, del baile y otras cosillas que no creo oportuno detallar, remitiéndome simplemente a la buena imaginación del lector.
Cierta noche en que una de éstas escenas hallábase en pleno auge, se produjo súbito un tumulto desconcertante en el salón, al sentirse los ruidos furibundos de uno de las más bravos y atronadores  repuntes del río Rímac, que por falta de defensas técnicas de aquel entonces, causaban daños considerables, pues sus aguas torrentosas arrastraban cuanto hallaban al paso, palos árboles, ramas, animales, muebles, grandes piedras, etc.
Todo quedó paralizado, baile, copas, y…etc. porque las ninfas, azoradas corrían sin soltarse del brazo de sus galanes; igualmente el vecindario se aglomeraba en las barandas del puente Balta y de Piedra.
Y, cuando la furia de las aguas ladrillosas del “Río Hablador”, era de infundir miedo, porque amenazaban salirse del cauce, invadiéndolo todo, a la “Libertad Parada” se le ocurrió gritar a voz en cuello : “Vengan, corran, apúrense para que vean esta enormidad de palos que, atropellándolo todo, se meten en los cercos y en las chozas sin poder contenerlos. Si les digo que es una palizada furibunda y temible como no se ha visto nunca”.
La palabra “palizada”, un impromtu, sin ninguna intención, pero dicho con una sonrisa tan maliciosa, acompañada de miraditas de reojo a los… “que te dije…” fue acogida con hurras y aplausos y hasta hubieron copas por las mozas de trapío que adivinaron… “la tripa que traíase”.
 
Y…colorín colorado… 

Enviado por Walter Huambachano Icaza