CANCION DE FE

Vals Peruano

Manuel Acosta Ojeda

Yo creo que algun dia la espina se hace rosa

y se hara luz la luna, y el hambre se hara pan

yo creo que algun dia se morira la muerte

y sera la moneda de amor y de verdad.

Ese dia el hombre sera color alma

y el odio arrepentido querra volverse amor

los niños tendran risas, las lumbres tendrann paz

Dios se volvera hombre y asi se quedara.

Enviado por Raul Alvarez-Russi

Miami-USA
Capitulo de la Florida

DELIA

Polka

Manuel Garrido

A la chica que amo yo
le dedico esta canción,
porque en ella puse yo
todo mi amor.
Al oírme ella cantar,
de seguro sabrá apreciar
lo mucho que la quiero yo. (bis)

Delia, eres mi vida;
Delia, eres mi amor.
Sólo, sin tus caricias,
me faltaría la inspiración
que se refleja hoy en tus ojos.
¡Oh, linda nena!,
eres cáliz de amor.
¡Beber yo de tus labios,
sería alcanzar
la gloria en el amor!

TORO MATA

Landó

Carlos Soto de la Colina

Toro mata, ahi, toro mata,
toro mata arrrumbambero
¡ay! toro mata.

La color no le permite
hacer el quite a Pititi
¡ay! toro mata.

Toro viejo se murió
mañana comemos caine,
¡ay! toro mata

¡Ay! la pondé, pondé, pondé,
este negro no es de aqui,
este negro es de Acarí.

Hay que matar a ese negro,
¿quién trajo a ese negro aquí?
¡Ay la pondé, pondé, pondé
¡Ay la pondé e e.

MI COMPADRE NICOLAS

Festejo

CUANDO DE LIMA LLEGO MI COMPADRE NICOLAS ( )

CUANDO DE LIMA LLEGO MI COMPADRE NICOLAS

// NOS DIJO EN ALTA VOZ NEGROS TODO A DESCANSAR //

MI AMÁ ACABA DE DECIR ENANTES QUE FUI A ALMORZAR ( )

MI AMA ACABA DE DECIR ENANTES QUE FUI A ALMORZAR

// QUE TODITITO EL POTRERO CON YUNTA VI ACLARAR //

* // AHI TÁ CLARITO COMPADRE QUE NOS QUIEREN ENGAÑAR //

// DICEN QUE RAMON CASTILLA NO HA FIRMADO LA LIBERTAD //

// SÍ NOS QUIEREN ENGAÑAR, PARA HACERNOS TRABAJAR //

YO YA NO TRABAJO MAS, AHORA VOY A DESCANSAR

// A COMERME MIS FREJOLES DEBAJO DEL GUARANGÁ //

// Y CON MI NEGRA TOMASA MI FESTEJO VOY A BAILAR //

PERCUSION ————– ( bis )

// Y CON MI NEGRA TOMASA MI FESTEJO VOY A BAILAR //

YO YA NO TRABAJO MAS

JARANA PERUANA

Zamacueca

Alberto Haro

// A LAS 3 DE MAÑANA CANTABA //

CON PASE DE MARINERA PERUANA

A LAS 3 DE LA MAÑANA CANTABA

// CON GUITARRA Y CON CAJON EMPEZABA //

LOS VERSOS DE UNA JARANA PERUANA

PALMERO SUBE A LA PALMA CANTABA …………

* MORENO PINTAN A CRISTO, MORENA ES LA MACARENA

( MARINERA PA’ ALLA ) MARINERA,

( MARINERA PA’ ACA ) MARINERA

( MARINERA PA’ ALLA ) MARINERA,

( MARINERA PA’ ACA ) ………

A MI ME LLAMAN EL NEGRO DEL CIELO FAVORECIDO

( MARINERA PA’ ALLA ) MARINERA,

( MARINERA PA’ ACA ) MARINERA

( MARINERA PA’ ALLA ) MARINERA,

( MARINERA PA’ ACA ) ………

DE NOCHE YO VENGO A VERTE PORQUE DE DIA NO PUEDO

// ME VOY CANTANDO, CON MUCHA PENA

ESTA NOCHE ME EMBORRACHO, EN UNA TABERNA // –( BIS )

Canterurias

Lando

Escrito por Chabuca Granda

Cantéro, cantéra de cantérurias
Cantéro, cantéra de cantérurias
Que sino me cantérearas con tu cantéruriarias
Que sino me cantérearas con tu cantéruriarias
(cajón y guitarra)
Que cantan, cantan, cantándo, cantánteruriando
Que cantan, cantan, cantéro, canturriando
Cantárero, teriria, cantéro cantéruria,
Cantéro, cantérame cantáreria
(cajón y guitarra)
Cantéro, cantéro, cantéro, canta
Cantéro, cantéro, cantéro, canta
Para que ..sueñes cantéro, cantéras, cantáreareras
Cantéro, cantéro, cantéro, cantéro, canta…
(cajón y guitarra)
Tódas las puertas cerradas, tódas perdidas

Tódas las calles ajénas, sordas
Tódas sómbrias, para qué picar la piedra, cantéro,

sí está dormida…

Cantado por Cecilia Barraza

Enviado por: Marycaty

LA CONCHEPERLA

Marinera

Texto: Abelardo Gamarra

Acércate preciosa
que la luna nos invita
sus amores a gozar, a gozar.
Acércate preciosa
conch’e perla de mi vida
como no brota el mar.

//Abre tu reja, abre tu reja
un momento, un momento,//
Si oyes benigna, si oes benigna,
si oyes mi inspiración.
Si la crees digna, zamba de tu atención.
ahora no te vas, si tu me quieres,
mañana te irás…
si no me quieres, mándate mudar.

/Abre tu reja, abre tu reja
un momento, un momento,//
Si oyes benigna, si oes benigna,
si oyes mi inspiración.
Si la crees digna, zamba de tu atención.
Recibe prueba la fineza de mi amor,
de mi amor, de la luna al resplandor,
la fineza de mi amor.

Nota:
A los 14 años de edad, Doña Rosa Mercedes Ayarza de Morales
escribe la música de esta marinera, la primera en ser interpretada
por la Orquesta Sinfónica Nacional en el Teatro Municipal de Lima.
La letra es de Abelardo Gamarra «El Tunante»,
y la música compuesta por José Alvarado.
También conocida como «La Decana» por ser la primera marinera
escrita en partitura, y una de las más conocidas
e infaltable en los concursos tradicionales peruanos.

Eusebio «Pititi» Sirio

Para muchos, y razón no les falta, Eusebio Sirio, mejor conocido como «Pititi», es el mejor cajoneador peruano. Y es que entre él y la madera hay un comercio ancestral, que se remonta al batir y retumbar de los tambores africanos. De sus manos surge primero el ritmo, que luego irá aderezando con velocísimos repiques, inesperadas síncopas, tresillos perfectos en su barroquismo y un swing que parece propio de alguien poseído por el mismo diablo (un demonio bueno en este caso, valga la aclaración). «Pititi» es maestro por partida doble. Es decir, no solamente porque ejerce pleno dominio sobre su instrumento, sino también porque imparte lecciones de cajón tanto en el Museo de Arte de Lima como en la Escuela Nacional de Folklore José María Arguedas. Hace unos años, «Pititi» perdió la vista, pero en él la vida puede más y esa desafortunada circunstancia no ha sido óbice para que siga demostrando por qué, a la hora de acariciar el cajón, es el mejor. Aquí, la voz del maestro. Oído a la música, señores.

Yo nací en la avenida Francisco Pizarro cinco veintiocho, interior número doce, en el Rímac. Ese barrio se llamaba Malambo. Ahí nací, te digo, posiblemente el veinte del ocho del cincuenta y uno, hermano. Mis padres son Eusebio Sirio y Adela Castillo. Mi papá era músico de los Barrios Altos, tocaba guitarra. Mi mamá era una persona muy conocida, ya que era sobrina del señor Manuel Quintana Aldón, a quien llamaban «El Canario Negro». Oigame, yo vengo de una estirpe así, callada. De mi infancia recuerdo sobre todo a la gente que se reunía para jaranear y cosas por el estilo. Por la casa caían, te voy a contar, hermano, el señor Elías Ascues, el señor Augusto Ascues, el señor Pancho Caliente, mi tío Francisco Flores, el señor Arístides Ramírez, También llegaban el señor Huambachano y el «Chino» Soto, hermano, y qué te digo, un montón de gente más. Yo de chico me apegaba mucho a las piernas de mi tío Augusto Ascues; él cantaba y al mismo tiempo me tenía en sus brazos. También recuerdo las sorpresas. La sorpresa era la fiesta que se hacía sin que se enterara el dueño de casa, pues. A veces venían temprano y decían hoy es santo de Eusebio, vamos a hacer una sorpresa. Bueno pues, decían, y se ponían de acuerdo en qué traía cada uno, y cada uno llegaba en la noche con su sorpresa, ¿me entiendes? Entonces el señor Eusebio llegaba a su casa con la idea de acostarse y en eso se prendía la luz y todo estaba listo para la fiesta, con cadenetas y todo. Hasta el otro día era la cosa.

Fui a un colegio, llamado Experimental Villacampa, y luego al colegio España en la Alameda de los Descalzos. Llegué a tercero de media y luego terminé en una nocturna de Comas. Mi papá me decía que yo tenía que seguir estudiando, que no tenía inquietudes para tocar; pero yo seguía tocando, me acuerdo. Ponía un disco de cuarenta y cinco en el pick up, que así se llamaba antiguamente, y yo acompañaba. Hasta que un día mi tío Ernesto Soto me dice: «sobrino, acompáñame a la casa de César Lévano, hoy es su cumpleaños». Yo le dije bueno pues, vamos, ya que estamos acá… Acá en La Florida fue el asunto. Yo tenía en ese tiempo, hermano, catorce o quince años. Y bueno, llegamos a la casa de César Lévano. Y en eso vimos que en la casa estaban la señora Alicia Maguiña y don Carlos Hayre. Entonces mi tío Ernesto me pidió que lo acompañara en un tema. Mandaron sacar uno de los cajones de un ropero, y me puse a tocar junto a él. ¿Y sabes qué, hermano? Eso le cayó a la señora Alicia Maguiña como pera en el agua. La señora se quedó encantada y me pidió que le dejara mi dirección, que ella viajaba y que a su regreso quería que tocara con ellos. Para ese entonces, ya no vivía en Malambo, sino en Limoncillo, por el mercado; ahora se llama Prolongación Tacna, creo. Eso habrá sido el año sesenta y ocho más o menos. Cuando menos pensé, me fue a buscar don Carlos Hayre para que fuera a su casa. Así comenzamos a trabajar, hicimos un long play, se llamó «Alicia y Carlos». La señora Alicia no me decía Pititi, me decía Eusebio Sirio. Lo de Pititi fue una ocurrencia de mi señora madre. Cuando yo estaba muy chico, había una radionovela y uno de los personajes era Pititi. Entonces un día yo pasaba por ahí y escucho que mi madre dice Pititi y yo volteo y entonces me dice Pititi, Pititi, ven, ven, Pititi. Ahí me quedé con lo de Pititi.

 

Te hago saber, para que sepas bien claro. Mira, yo he visto a diferentes percusionistas, pero no llegué a ver a Monserrate. Sí vi tocar al «Gancho» Arciniegas. Y había un señor al que yo paraba viendo y seguramente molestando, pidiéndole que me enseñara algunas cosas, era el señor «Morocho» Contreras, que tocaba con el conjunto Los Trovadores del Norte, donde estaba también Rafael Otero López, el compositor de «Odiame». Ellos tocaban en Radio Victoria y yo iba a cada rato, pues, para ver al «Morocho» Contreras. Yo lo observaba atentamente, cada movimiento, cada golpe, su misma presencia. Esas tardes me enseñaron mucho, hermano, me ayudaron a conocer un poco más a profundidad este maravilloso instrumento de percusión.

 

Un día la señora Alicia y don Carlos me dicen para ir a Buenos Aires. Tenía ella que cantar una muliza. Mira hermano, era la primera vez que iba a pisar un avión. Acá no subo, me dije, acá retrocedo yo con esto. Pero al final subí y fuimos en el avión, además, con César Altamirano y Lucho Neves. Llegamos a Buenos Aires y nos fuimos al City Hotel. Tenía dieciséis años no más, hermano. Y andaba solo, porque me levantaba temprano para buscar a la señora Alicia y a don Carlos y no estaban, y César y Lucho estaban como locos trabajando en unos arreglos. Al tercer día me empecé a desesperar, porque ¿qué hacía yo solito en esa ciudad inmensa? En eso, paseando por el hotel, veo a un patita que pasa con una etiqueta en la solapa que decía Perú. Me acerqué. ¿Tú eres peruano?, le dije. Sí, me contestó. Yo también soy peruano, le dije otra vez. ¿Con quién has venido? Yo he venido con un grupo que está acá, el grupo Perú Negro. Oye, no sabes el alivio. ¿Y dónde están?, llévame por favor. Cuando entramos a la habitación me encuentro con el grupo completo ahí. Dicho sea de paso, yo no conocía a nadie del grupo, sólo a Rodolfo Arteaga, el hijo de Valentina, que me reconoció de inmediato y me presentó a todos. Estaban ahí Ronaldo Campos, Caitro Soto, Lucila Campos, en fin. Así, de casualidad nomás, encontré compañía, y más trabajo, porque me hicieron bailar en el Luna Park mientras Césear Calvo recitava unos versos.

También tuve la suerte de conocer a la señora Chabuca Granda, y es más, la suerte de trabajar con ella. Recuerdo una vez que nos invitó a su casa para formar el grupo Matalaché. En esa reunión estuvo también Cecilia Barraza. De Chabuca aprendí mucho, hermano. Lo más importante: convencerme de que las cosas las tienes que hacer cada día mejor. Trabajé con ella cerca de ocho años, junto con Alvaro Lagos y Caitro Soto. Ensayábamos en su casa, allá en la esquina de Veintiocho de Julio con La Paz, en Miraflores. En Buenos Aires grabamos un disco precioso, titulado «Cada Canción con su Razón». En ese disco participó también Lucho Gonzales.

 

En la vida uno nunca sabe, ¿no?, ¿qué me iba a imaginar yo que me iba a quedar ciego? Pero perdí la vista. Yo no sabía qué me pasaba, todo comenzó con unos dolores de cabeza terribles, pero nadie sabía qué tenía yo dentro del cuerpo. Ya vivía en Comas con mi madre. Ibamos a un médico y a otro, y nada, nadie daba con lo que tenía. Hasta que descubrieron que tenía un tumor en el cerebro que me estaba afectando la vista. Y un día, en mi propia casa, perdí la visión. Me deprimí terriblemente, me alejé de la música cerca de un año, paraba recluido en mi casa. Me había quedado completamente solo. Una persona que me ayudó mucho fue Enriqueta Rotalde, que es ahora directora de la Escuela Nacional de Folclore. Ella me fue a ver al Hospital de Collique. De ahí me pasaron al Hospital Obrero. El doctor Esteban Roca y el doctor Polo Sabogal me operaron. De ahí me fui a neoplásicas para un tratamiento de baños de cobalto y para que me hicieran un par de tomografías de las que salí limpiecito, hermano. Después de haber pasado por eso, me di cuenta de que había perdido a Dios, así que me apegué a Nuestro Señor Jesucristo, y con él camino. Lo que tengo ahora es lo más bello que puede tener un hombre: paz, por la gracia de Dios.

 

«Pititi» vive ahora en olor de serenidad. Recién casado hace ocho meses con Elizabeth Urquiza, profesora de arte, la vida en él ha vuelto a florecer. La ceguera ya no es problema ni carga para nadie. El propio «Pititi» baja los cinco pisos que lo separan de la calle 6 de Agosto, en Jesús María, para hacer sus compras en la bodega o en la farmacia, o para abordar algún taxi en las noches de trabajo. De hecho, hay algunos taxistas que lo conocen y lo esperan en la puerta. Lo demás es accesorio. Cuando dicta sus clases de cajón, ningún detalle se le escapa y conoce perfectamente el sonido de cada uno de sus alumnos. Y cada vez que toca, según nos confesó, es tal el éxtasis que se apodera de él, que ve pasar su vida como una película y recuerda esas jaranas aurorales, los tiempos en que era acólito en las iglesias de San Lorenzo y San Alfonso, las tardes en que miraba extasiado al «Morocho» Contreras o al «Gancho» Arciniegas. A golpe de cajón, para suerte de todos, «Pititi» ha vuelto de las tinieblas.

NO,NO, NO

– Andre Soto

La vida que me ha tocado
desde niño me ha engañado

Dicen que el maiz se ha partido
en un lado y en su opuesto
uno se pudre esperando
y otro se nutre exigiendo
La cebada le dice al trigo
donde esta el pan del mendigo
y el trigo replica en morse
en la panza del vecino
Señores yo les prometo(bis)
la solución a su pliego
aunque me quede sin medio
No No No las verduras
no no no que lisura
No No No lo exijo y lo siento
sin hombre sol agua y viento
yo no preparo el alimento
Cuando el cultivo y la siembra
pierden toda su vigencia
por la necedad del hombre
No No No
Interviene entonces la papa
el rabanito el camote
y todos preguntan donde
está la tierra labrada
Señores yo les prometo (Bis)
la solución a su pliego
aunque me quede sin medio
No No No las verduras
no no no que lisura
Que situación
la que le ha tocado
vivir a mi pueblo
tan inmaduro y tan necio
NO No No las verduras
No No No que lisura.

Aporte de Mercedes Mendoza