Callejones, Leyendas e Historias de Faites

Algo que identificaba a la Lima de antaño eran los famosos callejones que eran solares habitados en su mayoría por la gente obrera de Lima y que en muchos casos datan desde la época colonial. En los callejones nacieron las jaranas criollas, allí se forjaron grandes guitarristas, compositores y cantantes que dieron lustre a nuestra música criolla. Al “Callejón de un solo caño” le compusieron hasta un vals y la gente que los habitaba era conocida por ser alegre, creativa, jaranera, pícara y con una “chispa” envidiable.
De los callejones salieron los vendedores de “revolución caliente”, los organilleros que hacían bailar a su monito y nos leían la suerte, los lecheros, los ropavejeros, las tamaleras, picaroneras, anticucheras, mazamorreras y demás vendedores que muchos de ellos están ya desaparecidos. Allí se forjaron los más guapos, los “mechadores”, los “faites” y, lamentablemente, también muchos delicuentes.
La mayor parte de callejones, solares o quintas eran y hasta ahora son de propiedad de la Beneficencia Pública de Lima. La Beneficencia nombraba una persona encargada que viviera en el callejón o solar para que las represente y sea quien les haga llegar las necesidades o problemas que allí ocurrían. La Beneficencia no le pagaba sueldo a esta persona, pero en retribución a sus servicios no le cobraba la renta por la vivienda que ocupaba. Esa debe ser la razón por la cual en algunos callejones le decían «misia» a la «portera» o encargada. Esto lo sé muy bien porque mi madre fue una de esas porteras a quien la Beneficencia nunca le pagó un sueldo, pero le otorgó en forma gratuita un cuarto al fondo de la quinta donde nací.

Desde que tuve uso de razón conocí a ese cuarto con el sobrenombre de «La Venganza». Nunca nadie pudo saber el origen de ese sobrenombre, pero «La Venganza» era lo más conocido y nombrado de mi antiguo barrio ya que allí dormíamos mis tres hermanos y yo. Un cuarto exclusivo de cuatro muchachos llamaba la atención en mi antiguo barrio, aparte que mis hermanos se encargaban de tejer y crear cuentos y leyendas en torno a nuestro cuarto que todo aquel que llegaba a poner un pie dentro de nuestro cuarto, pues se sentía como más importante o como si hubiese puesto un pie en la luna.

Las chicas de nuestro barrio escuchaban entusiasmadas las historias que mis hermanos contaban sobre “La Venganza”, y mis amigos junto a mis hermanas, se encargaban de realzar más esas historias despertando aún más el deseo y entusiasmo en las chicas por conocer la famosa Venganza. «La Venganza es dulce», al menos nuestro cuarto era el único tipo de venganza que si era dulce, es lo que mis hermanos siempre decían (yo soy el benjamín de la familia). Hasta crearon una especie de requisitos que tenía que cumplir cualquier chica que deseara conocer “La Venganza”, siendo muchas las que se morían por cumplir los requisitos y poner un pie en dichoso cuarto. Pero hasta donde yo sé, nunca ninguna chica (aparte de mis hermanas) puso un pie en ese cuarto mientras nosotros vivimos allí.

Mi infancia trancurrió entre callejones de Los Barrios Altos ya que los corredores eran de tierra aplanada y propicios para el juego de bolas, chapitas y trompo así que cuando en alguno de ellos no encontraba muchachos con quienes jugar, pues me iba a otro callejón. Ya me había acostumbrado a que todos los días me den mi castigo con el «San Martín» (¿existirán todavía?) porque salía temprano de casa y regresaba por la noche a comer y dormir. Creo que a eso se debe mi pasión por los viajes.

Todavía existen callejones o quintas que son como otro barrio dentro del mismo barrio. En la calle «San Ildefonso», primera cuadra del Jr. Andahuaylas hay dos solares grandes. «El callejón del buque» en la calle «Suspiro» y otro callejón más que hay en esa calle son realmente algo increíble. Allí se armaban unas jaranas criollas donde acudían los criollos más renombrados de antaño. La calle Suspiro es una calle paralela al Jr. Huanta y viene a ser la primera cuadra del Jr. Cangallo que la encuentran cuando suben por el Jr. Junín, viniendo de la Av. Abancay, y pasan el Jr. Huanta, la siguiente calle hacia la izquierda es la calle Suspiro y en su intersección con el Jr. Junín estuvo por muchos años colocada una piedra grande que la conocían como «La Piedra del Diablo».

Cuentan que durante la época de la colonia se presentó el diablo en la calle “Suspiro” y atravezó la piedra aquella, razón por la cual esa piedra de aproximadamente un metro de alto tenía un hueco en el medio. La calle aquella fue pavimentada pero nadie se atrevió a remover la piedra de su lugar ya que se suponía era del diablo, así que nadie quería estar en pleito con él. Hace unos años, en uno de mis viajes a Lima, pude todavía ver a la piedra en su mismo lugar. Pero hace unos meses cuando estuve en Lima y el taxi se desvió del centro debido a una manifestación, pasamos por el Jr. Junín con el taxi así que quise mostrarle al taxista la famosa “Piedra del Diablo”, pero me pareció o tal vez la vista me falló, ya que no la vi. De repente el alcalde Andrade la removió sin saber la historia de esa piedra y por eso perdió las elecciones… quién le manda meterse con el diablo.

En la cuadra uno del Jr. Huanta hay una quinta muy conocida en todo Los Barrios Altos, la «Quinta Pinasco». Esa quinta es enorme y a diferencia de otras tiene dos pisos y creo que hasta tres ya que yo en realidad nunca la recorrí en forma completa, sólo parte de ella visité y por supuesto que me jaraneé allí ya de adolescente. En la Plaza Buenos Aires, junto al que era el cine «Conde de Lemos», que me parece que ya no es cine, está la «Quinta San José» que parece un pueblo dentro del barrio aquel y hasta tiene su cancha de fútbol dentro que cada vez que ibamos a jugar fútbol contra ellos, pues ibamos en grupo de no menos de 50… por si acaso.

Después en «Las Carrozas», cuadra uno del Jr. Huánuco, en los Jirones Maynas, Huari y en muchas partes de Los Barrios Altos todavía existen callejones y solares. Claro que uno de los lugares más tugurizados y que lamentablemente lo volvieron cuna y refugio de delicuentes es «La Huerta Perdida» donde sólo llegué hasta la puerta ya que de entrar allí si se podía entrar, pero nadie te aseguraba de que salías vivo.

El “Faite” era el guapetón que no le tenía miedo ni al Diablo. Los “faites” genuinos tenían hasta indumentaria propia, usaban sombrero suelto, americana cruzada, pantalón bombacho y eran dueños de todos los corazones que se alquilaban en la ciudad. Se tejieron muchas historias y leyendas alrededor de los “faites” y la más conocida es la del duelo a chaveta entre dos “faites” de inicios de los 1900s, “Carita” y “Tirifilo”.

La historia o mejor dicho leyenda del duelo entre «Carita» y «Tirifilo» la escuché de boca de otros cuando era niño. El duelo aquel entre dos de los delicuentes y «faites» más conocidos de esa época tuvo lugar en 1915, cerca a la «Estación de Desamparados», por los rieles del tren y teniendo cerca también al río Rímac. A dicho duelo asistieron hasta periodistas que fueron los que después narraron y convirtieron en leyenda dicha pelea. Un vals fue compuesto al respecto, «Sangre Criolla», y años más tarde, ese gran escritor como lo fue Ciro Alegría lo hizo conocer al mundo en su «Duelo de Caballeros».

Dario Mejia
Melbourne, Australia

LA CANCION DEL CARNAVAL

(Polka)
Letra: Filomeno Ormeño

¡Todos a reír y a gozar!
¡Todos a gozar del Carnaval!
Marcaritas, vamos a danzar
con ritmo triunfal.

Alegremos Lima virreinal,
nuestras reinas se divertiran
y sus risas nos animarán
en el Carnaval.

¡Carnaval, Carnaval!,
es el grito general.
¡Carnaval, Carnaval!,
de alegría sin igual. (bis)

Lucha Reyes

Lucha Reyes
Lucha Reyes

Nació el 19 de julio de 1936 en un hogar humilde. Su verdadero nombre era Lucila Sarcines Reyes. Su padre don Tobías Sarcines, murió cuando Lucha tenía apenas seis meses de nacida. Con la desaparición de su progenitor llegaron las penurias económicas al hogar de doña Lucila Reyes que estaba integrada por 16 niños. Se dedicaba al oficio de lavandera, pero los ingresos no alcanzaban ni siquiera para cubrir las necesidades básicas.aunque vivió varios años en el Callao, al fondo de la calle Marco Polo, cerca de la Mar Brava. Su niñez fue casi una tragedia, tanto que para sobrevivir trabajó hasta de «canillita».

La familia de la pequeña Lucha Reyes, ocupó un cuarto en el callejón del fondo de la calle Mercedarias. Un recinto famoso en donde se reúnen cantores y guitarristas de los Barrios Altos. Las jaranas son frecuentes y muchas veces terminan en peleas. Allí se congregaban Felipe Pinglo, «El Cholo» Nicolás, Pedro Espinel, «El Mono» Olivo, Reynaldo Adrianzén, Samuel Joya, los hermanos Zapata y otros. En ese ambiente de entreveros, Lucha reyes fue saturando su espíritu con las melodías criollas de antaño. La madre de Lucha Reyes enfermó y tuvo que dejar de lavar ropa porque sufría frecuentemente de fiebres y dolores musculares. Esta situación determinó que todos los días mendigara un poco de comida en un convento.

Surgió en «El Sentir de los Barrios», un programa que se propalaba por radio «El Sol». Cuando por sus cualidades de cantante empezó a abrirse camino, la «bautizaron» con el nombre de «La Morena de Oro». Solía presentarse en los restaurantes «El Parral» y «El Palmero».

Cuando su madre logró recuperar la salud, consiguió internarla en el convento Buen Retiro, de las Madres Franciscanas, donde permaneció por espacio de ocho años. Al evocar su estadía en el convento solía decir: «Allí supe ver la vida desde un plano más humano y cristiano. Estudié hasta el tercer año de primaria y por otro lado aprendí costura y otros trabajos manuales… El afecto y el apoyo moral de las religiosas moldearon mi carácter y me prepararon para afrontar con entereza el infortunio y las adversidades. El día de la despedida lloré mucho porque tenía buenas compañeras y me había acostumbrado a la tranquilidad conventual».

La mañana de su muerte, se levantó a las seis y media de la mañana. Su adolorido compañero de la última etapa, Ausberto Mendoza, cuenta: «Ella estaba mal de la vista. Yo le hacía de todo, hasta la pintaba. Me dijo: hoy día me vas a poner bien bonita, porque es el día de la canción criolla. Me voy a poner este vestido rojo, porque soy bien peruana carajo».

«Amaneció bien lisurienta. En el auto, cuando íbamos a la misa de la Canción Criolla en la Sociedad de Actores», le dijo al chofer de su auto: oiga tío, no me ponga radioteatro, carajo. Póngame música criolla… De repente, le dio una palmada en el hombro. Hizo una leve mueca. Después de otras dos palmadas, y estas palabras finales: ¡Ay, Dios!».

No la venció la tuberculosis (curada a tiempo). Murió de diabetes que había envejecido prematuramente sus arterias y produjo un paro cardiaco. Su entierro fue un río de voces y llanto de gente humilde.

Su música ha sido reeditada en varios CDs editados por el sello Discos Hispanos del Perú, bajo los siguientes títulos: «La morena de oro del Perú», «Siempre Criolla», «Una carta al cielo» y «Mi última canción».

Murió el 31 de Octubre de 1973. Lucila Sarcines Reyes se fue cuando estaba en la cumbre de la popularidad. Sus más aplaudidas interpretaciones fueron los valses «Regresa», de Augusto polo Campos; «Tu voz», de Juan Gonzalo Rose; «Como una rosa roja», de María Gladys Pratz; y «Mi última canción», de Pedro Pacheco.

Paco Maceda

El alma de Los Kipus

Podrán cambiar las voces femeninas, pero las canciones de Los Kipus seguirán siendo las mismas mientras Paco Maceda pueda seguir dándole a la guitarra, instrumento que ha acompañado al músico norteño durante 42 años pródigos en alegrías, y también en frustraciones.

«Estoy tan decepcionado… pero no de mí país, sino de las autoridades». Paco Maceda se pone serio y sus manos detienen los arpegios en seco. Aún está fresco el cierre de lo que pretendió ser La Casa de Los Kipus, un local en la Av. Del Ejército que permitiría el lucimiento de ellos y de nuevos valores del criollismo, y eso sigue amargando su generalmente feliz existencia.
«Invertí 20 mil dólares y no pude recuperarlos porque nunca tuvimos regularidad. Se nos negó la licencia, los vecinos se quejaban, y los municipales nos ëvisitabaní todos los días», se queja.
Luego de liberar sus demonios, don Paco vuelve a acariciar la guitarra, y mientras conversa va arrancando un fondo musical que invita a la nostalgia, pero también a materializar ese conocido lema criollo según el cual al que toca y al que canta, se le seca la garganta.
«Eso sí que no, yo no tomo ni fumo óaclara de inmediatoó. Cuando le comuniqué a mis padres que quería ser guitarrista, les dije que sería como trabajo. Yo ensayaba de seis a ocho horas diarias y he impuesto un estilo a base de la investigación».
La referencia es directa a su adolescencia, cuando decidió descolgar la guitarra que se empolvaba en la sala de su casa piurana para ver qué se podía hacer con ella. Logró domarla al oído, pero quería más. Oyó hablar del manual ëAprenda a tocar guitarra en quince días», lo consiguió y no paró hasta hacer realidad en él el titulito ese. «El resto vino con estudios de piano. Aprendí a leer música y a descubrir el gusto por las blancas y negras… me refiero a las notas, eh. Cuidado que mi mujercita vaya a pensar mal».
Al lado de él está, precisamente, la señora Gladys. Riendo con sus ocurrencias, tal como lo hace desde hace 35 años, cuando conoció a don Paco como líder de Los Kipus y decidió acompañarlo en su trayectoria por los escenarios del Perú, Ecuador, Colombia, Bolivia e incluso México. Bueno, acompañarlo es sólo un decir, pues ella prefería esperar en casa.
«Siempre me he quejado de mi mujer ósostiene don Paco con inusitada picardíaó. Al quedarse, ella me obligaba a bailar con mujeres que yo ni conocía… tremendo sacrificio el que uno hace, pero así es la vida del artista. Y fíjese, ahora sí me está acompañando, no me deja… a estas alturas de mi vida, ya para qué».
La anécdota pone sabroso a don Paco, y con ganas de puntualizar algunas cosas. Dice que él empezó hacia 1955, cuando acompañó con su guitarra a Luis Abanto Morales en la grabación del emblemático valse ëNunca podrání, pero que recién su carrera se consolidó hacia 1959, como guitarrista de Irma y Oswaldo cuando éstos recorrían el país haciéndose llamar el dúo Penta.
Fue en medio de esas giras, en agosto de 1959, que a don Paco se le ocurre proponer a Genaro Ganoza (un guitarrista norteño como él y dueño de un hermoso falsete) buscar una primera voz femenina para conformar un trío. La elegida fue Carmen Montoro, y ëPor qué sigues llorandoí el primer valse que grabaron para Iempsa.
Lo curioso es que, por tener sus canciones un estilo muy cercano a los pasillos, mucha gente pensó que se trataba de un grupo ecuatoriano. La confusión se hizo mayor cuando, a principios del 60, llegó a Lima un caza talentos mexicano diciendo que había escuchado en Quito a un trío que bien podría gustar en el mercado azteca. Grande fue la sorpresa de los empresarios del espectáculo limeño, entre ellos los directivos de Iempsa, cuando el ilustre visitante dejó escuchar la grabación que había traído y empezó a sonar una canción de Los Kipus.
«Nosotros estábamos en Colombia órememora don Pacoó, pero se armó tal alboroto en Lima que nos trajeron de inmediato y apenas llegamos nos llevaron con guitarras y todo al Rosita Ríos, el mejor local criollo de entonces. No entendíamos nada hasta que nos dijeron que teníamos que grabar urgentemente ëRosa Tí y ëAnsiasí. En cierto modo eso fue bueno, porque esas dos canciones nos abrieron las puertas».
Y vaya que así fue. Durante toda la década del 60 y del 70, Los Kipus recorrieron el interior del Perú y los países vecinos como parte de una caravana promovida por el propio don Paco. «Apenas aprendí el negocio, decidí hacer empresa y organizaba dos o tres giras al año llevando a artistas como Julio Jaramillo, Los Arriagada, Los Embajadores Criollos y Tania Libertad, a los cuales sumábamos un folclorista de la zona», detalla.
Por entonces, las actuaciones se realizaban en teatros y auditorios de radio, y los viajes ósalvo a Iquitosó se desarrollaban por tierra durante casi un mes. En todos los lugares los recibían con expectativa, pues sus canciones habían conseguido identificación absoluta en el gusto popular. «Es que Los Kipus cantan lo que vive el pueblo… ¿quién no está enamorado o ha sufrido un desengaño?», enfatiza don Paco añorando las épocas en las que competía sanamente con otros grupos de calidad, como Los Romanceros, Los Embajadores Criollos, Los Cholos y Fiesta Criolla.

Tocan a la puerta y nuevamente las manos de don Paco descansan. Ingresa una jovencita que es todo sonrisas y doña Gladys se encarga de presentarla: «Ella es Elizabeth Panchano, la nueva cantante de Los Kipus». La muchacha saluda tímidamente y pide permiso para seguir acicalándose antes de la sesión de fotos. Yo aprovecho para preguntar por qué Los Kipus ha tenido tantas (casi 18) primeras voces.
«Un comité de la disquera evaluaba la pegada de las canciones, y cuando éstas bajaban me decía: ëPaco, se necesitan cambiosí. Era doloroso, pero por suerte muchas veces la salida de una cantante coincidió con sus aspiraciones de hacer carrera como solistas, y al final les iba bien».
En ese sentido, don Paco recuerda a todas con mucho cariño. «Los Kipus de ayer es lo mismo que Los Kipus de hoy», enfatiza, y pone como ejemplo el hecho que las miles de personas que los aclaman en los conos o en provincias no distingan que Pilar Valdivia fue la que impuso ëYo perdí el corazóní, o que Zoraida Villanueva provocara delirios con ëPerdisteí; y explica que si Eva Ayllón es la que tal vez esté más identificada con el grupo, es porque hoy ella sigue cantando los temas que alguna vez interpretó siendo parte del trío, como ëCariñitoí, ëNada soyí y ëHuye de míí, entre otras.
Nuevamente tocan a la puerta. Esta vez llega Víctor Meléndez (44) y es don Paco quien lo presenta como quien ocupa el lugar (momentáneamente) de don Genaro. De pronto hay dos guitarras sonando y Elizabeth también ya está lista. Las fotos empiezan y, a modo de ensayo, tocan ëTu alma y la míaí, un valse nuevo que demuestra la vigencia del sonido de Los Kipus, y que fue grabado en Miami durante su estancia en los EEUU.
«Mi familia y yo nos fuimos en el 92. Allá me junté con Genaro y con una voz femenina viajamos por casi todos los estados, incluso algunos que otros artistas no visitan. No se imagina cómo lloran los peruanos cuando tocamos ëMelgarí o ëMi lejaníaí, un valse que compuse para los que añoran su tierra».
Terminan de tocar y don Paco ha dejado ya de renegar con todo lo que le está sucediendo desde que decidió regresar al Perú, como si seguir dando vida a Los Kipus fuera una manera, también, de seguir respirando, e incluso de recuperar el optimismo (aunque ahora la televisión lo ignore, e incluso a veces lo dé por muerto). Es que la crisis económica y la indiferencia oficial podrán haberle cerrado la peña y estancado un negocio de duplicadora de discos compactos, pero aparentemente no podrá doblegar su afán de seguir haciendo lo que mejor sabe: ser el alma de Los Kipus.

Juan Alvarez

 

Se fue la guitarra de Tumbes
Integrante del trío los Kipus, Paco Maceda falleció a ayer víctima del cáncer. Sus restos mortales serán sepultados hoy, a las 3 p.m., en los jardines de la paz.
El 8 de mayo iba a recibir un homenaje
Justo cuando se le preparaba un gran homenaje, que iba a tener lugar el 8 de mayo próximo en el Parque de la Exposición, falleció ayer el guitarrista, cantante y compositor tumbesino Paco Maceda víctima de un cáncer al hígado.

Su deceso se produjo en el hospital Rebagliatti donde, en diciembre último, había superado un estado de coma. Tenía 78 años de edad. Hoy sus restos mortales serán sepultados, a las 3 p.m., en el cementerio Los Jardines de la Paz. Dos de sus hijos, que viven en el extranjero ya están en Lima. Por otro lado, la Asociación Peruana de Autores y Compositores del Perú (Apdayc), representada por José Escajadillo y Alejandro Lara, entregó a su viuda tres mil soles para ayudar en los gastos del sepelio.

Maceda, quien aprendió a tocar la guitarra siguiendo las indicaciones de una barata guía de enseñanza, se inició profesionalmente en 1955 formando con Lucho Barrios y Modesto Pastor el trío «Los Incas», que duró muy poco. Después acompañó a Luis Abanto Morales en la grabación del vals «Nunca podrán», de Adalberto Oré Lara, en la disquera Iempsa, y se convirtió en guitarrista del dúo «Irma y Oswaldo».

Fue en 1959 que le propuso a Genaro Ganoza (guitarrista y cantante también norteño (para buscar una primera voz femenina y formar el trío «Los Kipus». Fue así que eligieron a Carmencita Montoro, con la que grabaron el primer disco «Por qué sigues llorando». Sin embargo, el éxito recién llegó cuando grabaron «Rosa Té» y «Ansias», dos temas que habían triunfado en un festival de composiciones criollas.

«Los Kipus» recorrieron todo el Perú y algunos países vecinos. Su fama creció al extremo que despertó el interés en México, que envió un representante que creía que se trataba de un trío ecuatoriano. Aclarada la confusión, Maceda, Carmencita y Ganoza fueron contratados para actuar una temporada en México, donde hicieron televisión y grabaron un disco larga duración para el sello Musart.

A través de los cincuenta años de existencia que tiene «Los Kipus», ha ido variando periódicamente su primera voz femenina y así han integrado el trío en diferentes momentos cantantes como Eva Ayllón, Charito Alonso, Zoraida Villanueva, Zenobia (la esposa de Lucho Barrios), Pilar Valdivia, etc.

Antes de enfermar gravemente, Maceda había venido actuando con Elizabeth Panchano y Víctor Meléndez, y con ellos grabó el disco compacto «Los Kipus Siglo XXI». Cuando ya no podía actuar, Maceda informó que su hijo, que tiene su mismo nombre, lo reemplazará dentro del trío que continuará en actividad.

Alfredo Kato

*** Fuente: El Comercio, Sábado 24 de Abril del 2004

El Cóndor Pasa

La melodía Peruana más conocida a nivel mundial.

Compuesta por Daniel Alomias Robles

(Quechua) – idioma Inca

Yau kuntur llaqtay orgopy tiyaq
Maymantam gawamuhuakchianqui,
kuntur kuntur.
Apayllahuay llaqtanchikman,
wasinchikman chay chiri orgupy,
Kutiytam munany,
kuntur kuntur.

Kuzco llaqtapyn plazachallampyn suyaykamullaway,
Machupicchupy Huaynapicchupy purikunanchiqpaq.

El Cóndor pasa

(Castellano)

Oh majestuoso Cóndor de los andes,
llévame, a mi hogar, en los Andes,
Oh Cóndor.
Quiero volver a mi tierra querida
y vivir con mis hermanos Incas,
que es lo que más añoro,
Oh Cóndor.

Espérame en Cuzco, en la plaza principal,
para que vayamos a pasearnos a Machupicchu
y Huayna-picchu.

La Marinera Serrana

La Marinera Serrana
La Marinera Serrana

Por: Carlos Chinchayan C.

La marinera tiene dos formas de interpretacion claramente diferenciables la de la Costa con música mas alegre y de ritmo, y la de la Sierra de ritmo musical mas lento, en cuya coreografia prima el señorío.

Pensamos que dentro de las marineras serranas, la puneña que es preludio obligado de la pandilla tiene una personalidad propia.

Es la expresion mas cabal del modo de ser, sentir, amar y divertirse de los puneños, se baila en Carnavales, lo que hace que estos sean ansiosamente esperadas durante un largo período lleno de preparativos, la fiesta dura 8 dias, las pandillas llenan de luz y colorido las calles de la ciudad. Bailada primitivamente por la cholada o por las cholas y señoritas en busca del amor, ha llegado a todos los niveles sociales.

La coreografia extensa complicada y muy elegante con múltiples y variadas figuras, se ejecuta por parejas que danzan alegremente a la voz del varon de la primera pareja, que recibe el nombre de » BASTONERO «.

Debemos considerar la identificación característica de los diferentes pueblos de la sierra sur del Perú llegando a tomar algunas pequeñas diferencias en la ejecución de nuestra Marinera, hoy podemos apreciar valiosas expresiones que se difunden como Marinera Ayacuchana, Marinera Arequipeña, Marinera Cusqueña, y otras que sin perder la esencia de nuestro Baile Nacional nos muestran el mensaje de amor, coloquio y enamoramiento con la gracia, elegancia y coquetería de la mujer peruana, acompañada por un varón galante y conquistador.

VIVA EL PERÚ Y SERENO

Vals Peruano

Alicia Maguiña

Callejas polvorientas
de acequias rumorosas,
bullicio, cierrapuertas,
menudo pie de mozas.

Caricias del recuerdo del ayer
que el viento me regala al rezongar,
veo la saya y manto por doquier,
de un abanico escucho el murmurar.

La flor de esta Lima Virreinal
fue la limeña de ingenio al hablar,
de traviesa mirada, de fino corpiño
y garbo al caminar.

Pregoneros que con
potentes voces van
marcando con afán
del reloj el tic, tac.

A las seis es la lechera
y a las siete la tisanera, catay,
a las ocho el bizcocho, chumay,
a las nueve el sanguito, compay.

A las diez los jazmines, si,
¿muchachita no hueles ya?
a las once la chicha , catay,
a las doce el sereno, chumay,
¡Ave María Purísima!
¡Viva el Perú y sereno!

Balcones y azulejos,
celosias, zaguanes,
en Amancaes festejos,
San Nicolás sus panes.

Caricias del recuerdo del ayer
que el viento me regala al rezongar
veo la saya y manto por doquier,
de un abanico escucho el murmurar.

Beatas chismosas suelen fizgonear
a través de un curioso mirador
a la linda limeña de fino corpiño
y garbo al caminar..

ESTRELLITA DEL SUR

Vals Peruano

Felipe Coronel Rueda

//Cuando lejos de ti
quiera penar el corazón
violento en su gemir
recordaré de tu reir,
su vibración que fue:
Canto de amor, himno de paz;
ya no habrá entonces dolor
todo será felicidad//

//No, no, no te digo un adios
Estrellita del Sur,
porque pronto estaré
a tu lado otra vez,
y, de nuevo sentir
tu fragancia sutil.
Campanas de bonanza
repicarán mi corazón//

Alejandro Ayarza – «Karamanduka»

Don Alejandro Ayarza, nació en Lima, Cuartel Primero el 21 de julio de 1884,
criado en buena familia de gran nacionalismo, en épocas de ocupación por la guerra del Pacífico.

Estos desórdenes motivaron el desarrollo del nacionalismo entre los peruanos;
en Lima igual que en el resto del país. Es en este contexto que nace y crece
don Alejandro a quien por su silueta, blanco, pequeño, regordete bromista
y juguetón, se gana el mote de «Karamanduka».

Militar de carrera, Mayor de caballería, con un patriotismo a toda prueba, un bohemio sin par, fue el engreído de la última Palizada; murió un 31 de diciembre de 1955 en su casa de la calle Manuel Morales, en los Barrios Altos.

Les cuento el anécdota de cómo creó su famoso vals «La Palizada».
Su grupo, gente jóven de la burgesía, era conocido como bohemios, bebedores y pleitistas, se «zampanas» a fiestas sin invitación, y hasta «armaban la bronca» por «quítame ésta paja», o sea sin razones.

Estos «niños bien», criticados por Abelardo Gamarra y Manuel Bedoya, dieron «color» a una época pintoresca del criollismo de antaño.

Enviado por : Walter Huambachano Icaza

¡Y DALE U!

¡Y DALE U!

(Polka)

1

Me alegra enormemente
ser un hincha ferviente,
el más apasionado
de este grandioso club.
Me gusta su jugada,
y no es palanganada,
un capo entre los capos,
seguro que es la «U».
Lo dice el mundo entero,
es un cuadro copero,
por guapo y elegante,
difícil de igualar.
Ya todos lo están viendo
y se están convenciendo,
¡Ay…! ¡Qué gusto me da!

Coro

¡Universitario!,
del balonpié peruano,
la máxima expresión.
¡Universitario!,
tu juego es la alegría
de mi alma y corazón.(bis)

2

Cuando estás en la grama
y haces tu filigrana,
yo siento aquí en el alma
cuán grande es mi emoción.
Igual que un muchachito,
me paro salto y grito,
me río y hasta lloro,
celebrando tu gol.
Con la crema en el pecho,
paseas trecho a trecho
llenándome de orgullo
tu estampa señorial.
¡Arriba, club querido,
te sigo y te he seguido
porque eres colosal…!

(al coro)