Ven acá mi compañera
ven tu mi dulce andarita
tu sola, sola, solita
que me traes a la quimera
de aquella mi edad primera
Que en los campos desolados
junto a mi madre amada
y de mi padre querido
era semejante al nido
que hace el ave en la enrramada
Por eso es que yo quiero al niño
amo y respeto al anciano
al indio que es mi hermano
le doy todo mi cariño
Yo tengo el alma de armiño
cuando veo que se explota
toda mi colera brota
y de tristeza me indigno
cual una araña maligna
que hoy aplasto con mi bota
Surge la palida luna
sobre la noche serena
alla en los campos de avena
se mece como visión
Detras de cada peñon
parece ver a su amada
que viene como escapada
en busca de su corazón
Si me persiguen traidores
siempre fueron sin entrañas
se espantan de mis azañas
que no son si no rencores
Donde estan mis defensores
ya para mi no hay clemencia
nadie sufre, nadie llora
si han de matarme en buena hora
pero matenme defrente
-Yo soy señores Luis Pardo
el famoso bandolero (bis)
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Nota: Esta es la letra original que escribiera Abelardo Gamarra
«El Tunante»
la mayoria de los interpretes varian su contexto al cantarla.
Saludos criollos para todos, un servidor
Victor Hurtado R.
En 1939, Aurelio Collantes, «La voz de la tradición», organizó un concurso para designar a la reina de la canción criolla. El evento que se transmitió por radio, tuvo como escenario el Teatro Segura. La calle Pachacamilla, en el jirón Chancay está a sólo unas cinco cuadras del Teatro Segura. Y desde un solar de aquella arteria central, llegó una chiquilla llena de encanto y poseedora de una extraordinaria voz. Se llamaba Jesús Vásquez Vásquez.
Siendo apenas una chiquilla se adjudicó, y para siempre, el título de Reina de la Canción Criolla. Y para el efecto escogió como números de su repertorio tres temas de Felipe Pinglo Alva. El primero: «El Plebeyo». Desde entonces Jesús se convirtió en una de las más auténticas y legítimas intérpretes del cancionero Pinglo.
«Nací en el barrio de Pachacamilla, a una cuadra de la iglesia de Las Nazarenas. Mi padre era chotano y mi madre huancaína, de Concepción, fue ella quien me enseñó a cantar aunque recuerdo que los dos no tuvieron mucho contacto con los criollos de ese entonces.
De chica me gustaba sentarme sobre la pila de agua del callejón vecino y desde allí escuchar los ensayos del trío «Los criollos de pura cepa», en la casa de la familia Paz Soldán, todas las tardes. Aquel trío lo integraban Lucho de la Cuba, Aramburu y Ernesto Echecopar… Un día me los dueños de la casa me invitaron a cantar a dúo con Lucho de la Cuba y después de escucharme me dijeron que iba llegar bastante lejos, acuérdense…».
La obra de Jesús es una de las más fecundas de la historia de la canción peruana. Ha grabado innumerables discos, ha hecho éxitos temas de grandes compositores, inclusive gente de la Guardia Vieja que ella no pudo conocer. Grabó valses, marineras, polkas y huainos, mencionaremos algunos memorables como: «La Pasionaria», «Secreto», «Todos vuelven», «Corazón», «Muñequita rota», «Historia de mi vida».
Eres la flor que perfuma mi camino,
la rosa que a mi paso se deshoja;
eres el sol que en las mañanas veo
y sus rayos me abrazan,
brindandome calor.
Hay luna en tus ojitos
de noche encantadora;
en tus suaves pestañas
se enreda tu ilusion.
La sangre de tus labios
humedecio mi boca
en las tardes romanticas
cuando hablo el corazon (bis)
Eres la flor que perfuma mi camino,
la rosa que a mi paso se deshoja;
eres el sol que en las mañanas veo
y sus rayos me abrazan,
brindandome calor.
Aunque te encuentre lejos
yo se que tu no olvidas
que hay alguien que agoniza
por culpa de tu amor.
Abrazado a un recuerdo
quiero morir soñando
que tu estas escuchando
esta dulce cancion
La tercera de jarana (III) «Si quieren saber señores»
es del señor Luciano Huambachano,
Si quieren saber señores
que en malambo hay cosa buena
Vengase pasito a paso
Donde el instrumento suena
En el barrio’ e Malambo
Solo hay primores
Cuna donde han nacido
Buenos cantores
Solo hay primores, madre
arelo, arelo
Por eso es que le llaman
La flor del cielo
Ruego de una pasión
Mi inspiración
RESBALOSA
Chaparrita de mi vida
La dueña de mis pesares
Esta noche no me olvides
Donde quiera que te halles (Bis)
FUGAS
Esta noche no mas canto
Y mañana todo el día ( Llamada)
Cuando salgas a pasearte
Avisarme un día antes
Para empedrarte el camino
De rubíes y diamantes
Malhaya un pecho claro
Y una lengua relatora ( Llamada)
Diente con diente
Voy dando (dando)
Que será del amor mío (mío)
Por que voy titiritando (tanto)
Titiritando de frío (frío)
Que lloré, lloraba zamba
Lo que he transcrito , se conoce comunmente como un
«cinco tres» («Marinera de Cinco Tres») en el
contrapunto de jarana.
Esto quiere decir, tres marineras, una resbalosa, y
tantas fugas como cantores esten interviniendo.
En las dos primeras ( I, y II) indicó el amarre, o
las lineas que deben repetirse antes de que entre el
segundo verso, porque es así como se canta.
Es un forma un tanto didáctica, para que vayamos
entendiendo, y podamos jaranear entre nosotros como lo
hacían los antiguos cantores bravos.
Enviado por: Mercedes Mendoza
Compositor: Victor A. Hurtado R.
(En homenaje a la canción criolla del Perú)
El waltz de Viena llego y en mi Perú se quedó
en sus amplios salones la alta alcurnia lo bailó
vestimentas elegantes, engalanaban la gran fiesta
y hasta la polaka polka mas de un señor la bailó.
La criolla servidumbre que a sus compases laboró
en su alma la impregnó y la llevo hasta el callejón,
sinfonia de violines se cambiaron por guitarras
hoy el eco del salón es con repique de cajón.
Desde la serrana quena hasta mi lindo Amazonas
valses, polkas, marineras, pendon que Pinglo legó
Costeña por tradición, asi es mi canción criolla
jaranera y quimbosa del barrio la inspiración.
Con el pasar de los años, el criollismo creció
poetas y trovadores le dieron nombre a mi canción
un 31 de Octubre, dia de la canción criolla
dia de la canción peruana, orgullo de mi nación.
De la pena yo me rio
la vida me ha condenado
de dia rio despierta
de noche rio dormida
De la pena yo me rio
Risa me da el desprecio
risa el olvido
risa me da el amor
ay que he tenido
Risa el olvido madre
cierto muy cierto
de risa, andar andar
casi me he muerto
Mi llanto, andar andar
llanto que es risa
Es mi risa, en medio de su dulzor
tan amarga que no siento su sabor ( Bis)
Yno se llorar solo reir, reir llorar
llorar reir, todo es igual, reir llorar
Para mi lo mismo da.
Riendo riendo riendo paso la vida
riendo
De dia rio despierta
de noche rio dormida, de dia rio despierta ,
de noche rio dormida ( bis)
El 13 de mayo de 1936, falleció en Lima el gran autor, compositor y poeta, El Maestro Felipe Pinglo Alva, quien revolucionó el vals criollo, o vals peruano, dándole otra dimensión y forjando una escuela que hasta el día de hoy es seguida por los cultores de la música criolla en el Perú. Entre sus creaciones más resaltantes debemos citar: «Luis Enrique, el Plebeyo», «El Espejo de mi Vida», «El Huerto de mi Amada», «Bouquet», «De Vuelta al Barrio», «La Oración del Labriego», «Mendicidad», «Sueños de Opio», «El Canillita», «Rosa Luz», «Amelia», y muchísimas más. Va por ello mi homenaje al Maestro de los autores y compositores del Perú, al conmemorarse un aniversario más de su lamentable fallecimiento.
La música criolla, sobre todo el vals peruano, tiene un antes y un después. Ese límite o diferencia lo impuso un modesto pero gran autor y compositor, que nos dejó su obra para que sea interpretada, seguida e imitada por otras grandes figuras que ha tenido nuestro criollismo. Felipe Pinglo Alva fue quien impulsaría ese gran cambio a nuestro vals. Lamentablemente, murió joven sin haber conocido en vida los frutos de la fama y de lo que sembraría en nuestro pueblo, y cultura, que lo llegó a convertir, después de muerto, en una especie de ídolo para quienes aman y siguen la música criolla.
Felipe Pinglo nació el 18 de julio de 1899 en la calle «El Prado» (cuadra catorce del Jirón Junín) de los Barrios Altos, Lima. Empezó a componer canciones desde muy joven. Le gustaba retratar lo que acontecía alrededor de las personas, la sociedad, las costumbres, gustos y el amor. Su obra consta de hermosos poemas acompañados de bella melodía que engrandeció y le dio personalidad a nuestro vals. Su vena literaria puede apreciarse, claramente, en sus composiciones.
«Las flores que he cogido del jardín / las he hecho un bouquet para mi amor / lleva jazmín del cabo y tulipán / lleva claveles rojos de ilusión. / Pensamientos limitan su confín / y algunas azucenas coloqué / pero también lleva mi corazón / a una mujer.»… Un canto al amor del Maestro Pinglo con su composición «Bouquet».
Pinglo era un verdadero poeta para cantarle al amor, un romántico, un soñador, un sentimental; detalles que ayudan a inspirarse más a quienes los tienen… «Quien quiera con el alma, el corazón no mande / quien busque amores buenos, que deje de soñar, / el corazón y el alma son dos fuerzas humanas / que emprenden una senda, para no regresar.»… Con «El Huerto de mi Amada» hizo soñar, amar, cantar y llorar a muchos.
Pinglo indirectamente nos hacía reflexionar y despertar ante la realidad de la vida, el darnos cuenta que los años no pasan en vano y que toda la vida no seremos los mismos o, mejor dicho, luciremos bien… «Con los años huyeron mis privilegios / uno a uno mis idilios vi fugar, / y hoy tan sólo de este apogeo me queda / bucles, retratos, pañuelos, / cartas de amor y nada más. / El espejo en que me vi hoy es mi amigo / porque mudo me ha mostrado la verdad, / hoy comprendo el secreto de mi olvido / y conozco el por qué de mi orfandad.»… A través de «El Espejo de mi Vida» nos mandó su mensaje para que cambiemos a tiempo y sembremos valores que perduren a través del tiempo y de la muerte.
Al igual que la mayoría de los hombres, Pinglo era aficionado al fútbol e hincha del Alianza Lima, sobre todo de Alejandro Villanueva. Así que le compuso una polca a él y una marinera, «¡Viva el Alianza!», al equipo de sus amores… «Viva el Alianza, señores / el once de la emoción / que cuando a jugar concurren / el match es una ovación».
Recordando a su barrio querido, Felipe Pinglo escribió el vals «De Vuelta al Barrio», canción con la cual él le cantó a sus Barrios Altos… «Barrio de mi ilusión / de ti yo me alejé, / pensando que al rodar / no fuera el mundo cruel. / Tus glorias de otros tiempos / procuré al retornar / y el pendón de tu nombre / orgulloso pasié. / Hoy de nuevo al llegar / cansado de la lid, / a los nuevos bohemios / entrego el pendón / para que lo conserven / y siempre hagan flamear, / celosos de su barrio / y de su tradición».
Felipe Pinglo era el compositor de los pobres. En una sociedad que discriminaba al pobre y donde era notoria la diferencia entre ricos y pobres, Pinglo se rebeló contra aquello. Por ello, durante el gobierno de Oscar R. Benavides, las radioemisoras tenían la orden de no emitir sus canciones. Resulta inexplicable, en estos tiempos, el saber que la canción inmortal de Pinglo fue prohibida por una sociedad y gobierno discriminatorio y prejuicioso… «Después de laborar, vuelve a su humilde hogar, / Luis Enrique, el plebeyo, el hijo del pueblo, / el hombre que supo amar, y que sufriendo está / esa infamante ley de amar a una aristócrata / siendo plebeyo él. / Trémulo de emoción, dice así en su canción: / El amor siendo humano, tiene algo de divino. / Amar no es un delito, porque hasta Dios amó. / Y si el cariño es puro y el deseo es sincero, / ¿por qué quitarme quieren la fe del corazón? / Mi sangre, aunque plebeya, también tiñe de rojo / el alma en que se anida mi incomparable amor. / Ella de noble cuna y yo, humilde plebeyo, / no es distinta la sangre, ni es otro el corazón. / Señor, ¿por qué los seres no son de igual valor?»… Con «Luis Enrique, el Plebeyo», Pinglo trató de romper las tradiciones y mitos aristocráticos del Perú de antaño.
Víctima de una penosa enfermedad que lo tuvo en agonía por varios días, Pinglo falleció en su casa de los Barrios Altos, sito en la Calle Penitencia (segunda cuadra del Jirón Paruro). Eran las cinco y media de la mañana del 13 de mayo de 1936. Se fue a la hora en que terminan las jaranas.
Un año después de la muerte de Pinglo, su gran amigo Pedro Espinel le organizó un homenaje en el Teatro Segura, en Lima, por cumplirse el primer aniversario de su fallecimiento. Una jovencita que estaba recién haciéndose conocida en el ambiente criollo, María de Jesús Vásquez, interpretó la obra cumbre de Pinglo «Luis Enrique, el Plebeyo». Fue tan grandiosa la interpretación de Jesús Vásquez que el público, aplaudiendo de pie, la obligó a repetirla tres veces… habían gozado no sólo con la bella canción, sino que habían sido testigos del nacimiento de una nueva estrella e ídolo popular.
El 23 de julio de 1943, el vals «Luis Enrique, el Plebeyo» fue grabado por primera vez. «Los Trovadores del Perú»: Javier Gonzalez, Oswaldo Campos y Miguel Paz; fueron quienes hicieron aquella grabación en la Argentina.
Pinglo fue olvidado por los libros y periódicos de su época. Jorge Basadre hace un justo reconocimiento de su obra al incluirlo en su Historia del Perú, porque Pinglo no sólo forma parte de la historia de la música peruana, sino que es parte de la historia del Perú. La Biblioteca Nacional de Lima, también, ha reconocido la obra de Pinglo al incluir un cuadro con su retrato, al lado de nuestros grandes escritores de toda la historia del Perú.
Otro reconocimiento a la obra de Pinglo es de José María Arguedas quien admirado por la belleza de las composiciones de Pinglo, dijo que «Felipe Pinglo le enseñó a los limeños a querer su música».
Pinglo tiene muchísimas composiciones, algunas de ellas desconocidas. Su obra musical es grandiosa y ha sido, y seguirá siendo, fuente de inspiración para muchos intérpretes, compositores y todo aquel que guste de la música criolla, porque si, muy bien, él falleció hace ya muchos años, su obra lo ha hecho inmortal para los peruanos.